Presencia por caminos insospechados

 

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e su antigüedad, y las noticias que sobre su papel en la prehistoria de nuestra provincia ha jugado este pueblo, hay sobradas referencias, que no reproducimos por ser objeto de otras disciplinas, más que de la literaria. Sin embargo, y dejando aparte las continuas referencias a ese papel de enclave cultural de viejas civilizaciones, ya, el “Atlante español”, de Bernardo de Espinalt, abandona el referente arqueológico, y se refiere a la población realzando con justicia su belleza y fertilidad: “Su término es fértil en trigo, cebada y todo género de semillas: los monteas están cubiertos de encinas, pinos, alcornoques, con buenos pastos para la manutención de su ganado vacuno y cabrío”.

 

            Si bien es cierto que un pueblo de tan reducidas dimensiones, ha dejado más huellas en sus vestigios telúricos que en los escritos, no podemos olvidar que en todas partes la literatura hace acto de presencia por caminos insospechados. En este caso, el pueblo ha tenido la fortuna de contar, como vecino, desde hace muchos años, con la presencia de un excelente poeta e investigador, actual profesor en la Universidad de Jaén, que ha llenado de gloria páginas extensas de la mejor poesía contemporánea, reconocida a nivel nacional con galardones tan prestigiosos como el Adonais, del que fuera finalista en el año 1970. Nos estamos refiriendo a Manuel Morales Borrero, residente en la localidad, y unido a ella por vínculos familiares desde hace varias décadas, en cuya paz idílica ha encontrado asiento su continuo deambular por todo el mundo, ya que, entre otras peregrinaciones, digamos que ha sido profesor en las Universidades de Bagdad o Estados Unidos. Dedicado a la investigación sobre la poesía religiosa de los siglos de Oro españoles, sus estudios sobre Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, etc, tienen su continuidad en la actualidad con indagaciones personales importantes acerca de la mística carmelitana provincial. Pero, sin embargo, nosotros quisiéramos resaltar aquí, por encima de todo, su labor como poeta, que, en libros tan importantes como “La vida es una ausencia”, supuso en su momento un aldabonazo decisivo en la poesía de los años setenta, fuertemente cargada de futuro, en su caso no solo ideológico, sino también de impecable construcción formal: “Y entre silencios-la eternidad quebró en aquella noche-ante nosotros el cristal del tiempo”.

 

            La poesía popular también está presente en este pueblo vivo, amante de sus tradiciones, y recoge diversos motivos, entre los que no podía faltar la referencia gastronómica: “Estando Juanico Pedro/ con uno de Castellar/ corriendo las habas verdes/ que están muy ricas con sal”.