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ALELUYAS DE LA PRESENTACIÓN TAURINA DE FELIPE LÓPEZ “EL
PIYAYO”
EN LA PLAZA DE CASTELLAR.
Castellar, doce de agosto
del año de dos mil cuatro;
vestido de rosa y plata,
lidia Felipe, “El Piyayo”

Es un diestro de bigotes.
el único, sin rodeos:
no ha habido otro en España
en la historia del toreo.
Pues, con mostacho, hace un siglo,
toreaba un tal Ponciano
llamado Díaz de apellido
y era el hombre… mejicano.

Del interés que despierta,
el coso llenan las masas,
más que si Curro Romero
regresara a la Maestranza.
¡Y al compás del pasodoble,
sobre la arena amarilla,
inician el paseíllo
“El Piyayo” y su cuadrilla!
Saludan al Presidente
y después, entre barreras,
aguarda, paciente, el turno
de enfrentarse con la “fiera”.
El público lo reclama,
“El Piyayo” corresponde:
“¡Que salude, que salude!”
¡La expectación es enorme!
Suenan timbal y clarines.
Al ruedo salta el “morlaco”.
Con su capa y a pie firme
¡Felipe lo está esperando!
¡Capote de grana y oro,
alegre como una rosa,
que abre “Piyayo” ante el toro,
igual que una mariposa!
Verónicas, revoleras,
chicuelinas increíbles…
alguna, casi perfecta,
otras… lo mejor posible.
Con la muleta, Felipe
observa –no te lo pierdas-
que aquel pobre animalico
embiste mal por la izquierda.
La diestra ya es otra cosa
y la faena está hecha…
¡No era un toro proletario,
era un burel de derechas!
La “liga” del mediodía,
el traje un tanto apretado,
el calor… y algo de miedo
se la juegan al “Piyayo”
Empieza con que “no veo”
“parece que estoy tarumba”
y, dentro de un burladero,
de un “patatús” se derrumba.
Y quedan por los tendidos
sorpresa y algarabía:
el novillo, a los corrales;
Felipe, a la enfermería.
No consiguió el pobre bicho
al “Piyayo” revolcarle
y del becerro, seguro,
guarda un recuerdo imborrable.
Pues lo mandó disecar
cuando volvió del ”telele”
y ahora está en su “cuarto estar”
“colocao” sobre la “tele”.
MORALEJA:
Demostrado ya tu “arte”,
por si las moscas malditas,
ya tienes años, Felipe.
Por favor, no lo repitas.
Baldomero Patón Galdón
2004 |