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A Manolo
Ballesteros.
2002.
Al Hermano Mayor,
Manolo
Ballesteros,
que no tenía
motivos de queja
aunque llevaba
razón…
Manolo, dile a la Virgen
que sí, que me acuerdo de Ella…
Que, aunque la mano no escriba
y el alma parezca muerta,
me queda dentro un pellizco,
un sinsabor, una pena,
por ese tiempo que llevo
de palabra escasa y seca,
cruzando duros desiertos
de piedra, dolor y arena.
Dile a la Madre, Manolo,
tú, que La tienes muy cerca,
que yo sigo siendo el mismo
aunque las dudas me acechan.
De religión nacen sombras
que corroen mi conciencia
y Consolación, la Madre,
y Jesús de Cruz a cuestas,
Padre mío, Nazareno,
lo único son que me resta.
Cuenta, Manolo, a su oído,
porque le gusta y consuela,
que este año, como todos,
pienso volver a su vera
para sentir su alegría,
para contarle mis penas,
para rezar por los míos,
por el pueblo, las cosechas…
Y para tocar su manto,
cual tantas veces hiciera,
y sentir que su energía
en mi espíritu penetra,
dándome fuerza en la vida
para afrontar los problemas.
Pide por mí, buen Manolo,
a la Virgen nuestra y bella,
pues ya que no la olvidé,
me perdonará la ausencia
de versos y de piropos,
no de amor y reverencia.
Dile que siempre su estampa
preside mi vida entera,
y su imagen, en la alcoba,
mi descanso guarda y vela.
Y tú, Manuel, buen amigo,
que dentro llevas la queja
de que a la Virgen no escribo,
de este silencio en tu época…
Eres hombre generoso:
no me lo tomes en cuenta,
pues comprendes cuanto digo
demostrando tu grandeza.
Reza por todos, Manolo:
Por esa Paz duradera
que tanta falta nos hace
sobre la faz de la Tierra.
Pues la oración que recibe
de quien cariño le entrega,
por venir de buena gente,
la Virgen a Dios la eleva.
Notarás que Ella la escucha,
que Sus aromas te llegan,
y la luz de esos, Sus ojos,
en tu alma se refleja.
¡Y tú tienes la fortuna
de sentirlo aún más cerca,
que, al amor de todos, sumas
ilusión, afán y entrega!
Por eso, Manuel del alma,
con mi admiración sincera
y mi afecto, un fuerte abrazo…
¡¡ Y VIVA LA VIRGEN NUESTRA!!
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