Buenas noches a la Virgen.

Santuario de Consolación, 2 de Mayo de 2004-05-30

(Tras un lluvioso Rosario de antorchas)

 

Hoy le ha tocado a mi voz…

Porque, María de Consolación, esta noche yo soy sólo eso: mi voz.

Tambien soy mi corazón. O, mejor dicho: nuestro corazón. El corazón de todos y de todas tus hijos de Castellar. De los que están y de los ausentes.

De los que han venido a verte,

a pedirte favores (¡Y que faltica les hace a algunos –a algunas- Madre mía!)

a darte las gracias.

Y por eso, son, somos todos los que queremos despedir este día de agua a tu lado, con estas palabras que deseamos que Te suenen como los latidos de nuestros corazones, fundidos en uno solo.

 

Poco a poco se apagaron

los ecos, las oraciones,

el murmullo de los pasos,

las notas de las canciones.

 

Dentro y fuera de la ermita,

cansadas quedan las almas

que, alrededor de una hoguera,

esperan la luz del alba.

 

Madre, que velas el sueño

de cuanto el Creador abarca,

desde la humilde lechuza

a la estrella más lejana...

 

Señora que, de sus hijos,

recibe cual serenata

de devoto enamorado

esta oración luminaria;

 

En este momento inmenso

que dan la paz y la calma,

ahora, postrado ante Ti,

oye, Virgen, mi plegaria:

 

Que no se apague, María,

la antorcha del corazón,

del amor más solidario,

de esperanza y devoción.

 


 

Nunca sea fuego de guerra

ni llamarada de arma,

ni retumbar de explosiones,

ni sirenas asustadas.

 

Sí, pasos sobre la hierba,

sí, rosarios de alabanza,

sí, compartir ilusiones

esperando la alborada.

 

Sí, noches bajo tu manto,

nunca envidias ni amenazas...

Que siempre ¡Viva la Virgen!

y que jamás muera  nada...

 

Y, aunque sólo sea esta noche,

sintiendo nuestra ''compaña ",

nuestro calor a tu lado,

no veles, Madre. Descansa.

 

Te diremos, muy bajito,

con la voz entrecortada,

los piropos que Te gusten

como si fuera... una nana.

 

Dolorosa de otras veces...

Rocío de madrugada...

Esperanza Nazarena...

Estrella de la mañana...

 

Que aquí nos encuentre el día

rendidos siempre a tus plantas,

sintiéndote, Protectora,

a la vera... de tu casa.

 

Buenas noches, Madre.

 

Hasta el canto del primer jilguero.