Ofrenda de los matrimonios a la Virgen de Consolación.

Castellar, 1 de Mayo de 2002.

 

A Andrés y Ángeles.

Con cariño.

Si te voy a pedir algo,

Madre mía, mi Consuelo,

debo empezar dando gracias

de lo que por mí ya has hecho.

 

 

Venimos a Ti, a ofrendarte

en nombre de este tu pueblo,

la vida de matrimonio,

de preocupación y anhelo.

 

Gracias porque me permites

ganar para ellos sustento,

aunque el sudor, muchos días,

riegue de la frente al suelo.

 

Gracias por darme unos hijos

fruto del cariño inmenso,

y que en el Tuyo los crío

lo mejor que puedo y quiero.

 

Gracias por esta mujer

que Tú a mi vera me has puesto…

que su amor me hace más hombre,

su devoción, más romero.

 

Y, con ese amor, María,

te ofrezco el sentir del miedo:

“Se le está haciendo de noche…

¡ay, Madre, que aún no ha vuelto!”

 

Para oir, ¡por fin!, la puerta,

cual música de concierto:

¡Que mi hombre ya está en casa!

¡Mi Virgen lo trae de nuevo!

 

Mil gracias, Madre de Dios,

Protectora de mi pueblo.

 

Y permítenos dejarte

otra vez más, suplicantes,

con aquella petición

de la que te hablamos antes:

 

¡¡SALUD Y TRABAJO, MADRE,

PARA SEGUIR ADELANTE!!