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Agradecimiento.
1.993
Un poco
atropellado, es verdad. Pero también es cierto que tuve que
improvisarlo en pocos, muy pocos, minutos.
Con todo afecto, a
mi amigo Paco Clavijo, que hizo mi presentación para el Pregón de la
Romería de la Virgen de Consolación, en Castellar, el 30 de Abril de
1993 y que, en aquella ocasión, como siempre que puede, no dejó de
ponerme "en los cuernos de la Luna".
Cuando uno escucha cómo le dicen cosas
agradables, le quedan siempre algunas dudas:
Si seré, o no, merecedor de las que acabo de
recibir. Pero eso no puedo resolverlo yo, sino vosotros y vuestra
opinión.
Y si se tratará de alabanzas sinceras o no.
Pero, en este caso y viniendo de tí, Paco, amigo mío, te ofendería
si pusiera en duda la sinceridad de tus palabras.
Porque tú tienes demostrada tu sinceridad, tu
hombría de bien, tu inteligencia y un corazón que no sé cómo te cabe
en el pecho.
Por eso, cualquier alabanza, cualquier palabra
tuya vale el doble.
Y por eso te las agradezco tanto, de verdad.
Gracias, Paco. Con toda mi alma.
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