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Buenas Noches a
la Virgen.
Ermita de Consolación. Domingo, 1 de Mayo
de 2005.
Buenas noches, Madre.
Hoy es Primero de Mayo. Domingo. DÍA DE LA
MADRE.
Día de TODAS las madres. Las nuestras,
terrenales. Y de la MADRE DE TODOS Y TODAS, TÚ,
MADRE DE LAS MADRES. Y DE LOS HIJOS. Y DE LOS NIETOS…
Y DE LOS ABUELOS…
Como otras veces me has oído, esta noche soy y
quiero ser sólo eso: mi voz. O nuestra voz. La voz de todos
tus hijos.
De todos. Y, cómo no, de lo presentes, de los
que queremos felicitarte en tu día, Madre de Consolación. Hoy ha
sido un día largo. Un día radiante, bajo la cúpula azul, ahora
estrellada, que Dios Padre creara para Ti, la Madre de Jesús, como
remate del más grande y hermoso de los templos.
También ha sido un día agotador.
El Rosario de hace poco,
las flores de la mañana,
esas ofrendas que el pueblo
vuelve a poner a tus plantas…
Porque Tú no nos olvidas,
cuidándonos, no descansas
y conviertes nuestras penas
en alegrías y esperanza.
Alegría, pues sabemos
que tu luz nunca se apaga.
Y hoy llevas sobre tu imagen
tanto amor, tanta mirada…
De recordarte, María,
que ya va faltando el agua,
que la vida en nuestros campos
poquito a poco se acaba…
¡Danos agua, Madre mía!
Cuánto lo habremos gritado…
Otras veces, medio en broma,
esta vez, casi llorando…
Que vuelva a crecer la hierba
y que canten los arroyos
y regrese, con el agua,
el renacer para todos.
Y con el agua, la fe,
el amor por el hermano,
el compartir lo que haya,
y –ante Ti- seguir rogando:
Por aquellos que se han ido
y nos dejaron llorando
y hoy nos miran desde el Cielo
donde entraron de tu mano.
Por el paisano, allá lejos,
que no grita, que no canta,
y que estos días sufrirá
duro nudo en la garganta.
Y ¿Cómo no, Madre Nuestra?
Siempre hay que darte las gracias:
Por la salud, por los hijos…
Por los que este día de Mayo
hemos llegado a tu casa…
Por la vida que nos queda,
ese futuro que aguarda.
Por amarguras vividas,
por la alegría que emanas…
Ya va llegando el momento
de apagar las luminarias
y sumirnos en penumbra
de amor y flores calladas.
Cerremos puertas y ermita,
pero nunca las del alma,
que el corazón de la Virgen
sigue abierto a la plegaria.
Y en tu amor esperaremos,
tras estas paredes blancas,
Madre Nuestra, el nuevo día,
el ruiseñor. La alborada.
Buenas noches, Madre.
Hasta el primer rayo de sol.
Hasta mañana…
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