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Buenas Noches a
la Virgen.
Santuario de Consolación. Castellar, 1 de
Mayo de 1.994
Buenas noches, Virgen Mía.
En este momento íntimo
en que el Padre nos retira el Sol
brillante
como
para invitarnos a reflexionar...
Aquí, a tus
pies,
quiero recordar contigo:
A quienes hoy han visto anochecer por última
vez.
A los que pasarán la noche entre la enfermedad
y la fiebre.
A aquellos que sufrirán, en esta noche, la
injusticia, la guerra, la persecución, el hambre...
Y, desde este rinconcito del mundo,
contigo, mi Virgen de Consolación,
espero un nuevo amanecer
en la Vida Eterna y en la Vida Terrenal,
donde no exista el estruendo de las
explosiones,
ni el silbido de las balas,
ni el lamento de los hospitales,
ni el llanto de los hombres.
Sólo el canto de los pájaros,
el murmullo de los arroyos,
el susurro de la brisa
y las risas de los niños.
Descansa esta noche, Madre,
aunque sabemos que Tú jamás
duermes
y que, junto al aroma de estas
flores,
sientes las espinas de nuestros
problemas.
Por eso, María de Consolación,
nosotros sí dormimos tranquilos.
Porque Tú siempre nos estás velando.
Hasta mañana. Hasta el canto del primer
jilguero.
Buenas noches, Madre de Consolación. |