Carta  personal al Hermano Mayor.

1.999

Baldomero Patón Galdón.

c/ Torre del Oro, 3, 4ºF.

23700. LINARES (Jaén)             22 de Febrero de 1.999

 

Paco, buen amigo...

Así empezaba Antonio Machado uno de sus más hermosos poemas (bueno, no decía “Paco”, sino “Palacio”, que era como se apellidaba aquel amigo del alma). Yo no aspiro a emular a Machado, pero, buscando un encabezamiento para mis pobres letras, me he cruzado con éste. Espero que sepas perdonarme la pedantería literaria.

Tuve la satisfacción de recibir tu carta proponiéndome hacer mi aportación a la revista “Consolación 99”. Para mí, tal invitación constituye un honor y una satisfacción y -no te quepa duda- la acojo con todo mi cariño.

Pero este año he dudado... Y lo he hecho por dos motivos:

Uno, que no estoy en mi mejor momento a la hora de crear. Por decirlo más llanamente, ando hecho un “vago” y difícilmente me veo inspirado. Todo el mundo atraviesa de vez en cuando una pequeña crisis -ésta, para mí, no es la primera- y yo no iba a ser la excepción. Espero que vengan tiempos mejores.

Dos, que -como tú sabes- el año pasado me “mojé” bastante en mi escrito y me temo que surtió el efecto exactamente contrario al que pretendía. Con la realidad siempre por delante, y a pesar de las felicitaciones y palmadas en la espalda que recibí de los que se habían tomado la molestia de leerlo, que tanto les agradezco, estaba muy claro que aquel puñado de letras no iba a ”convertir” inmediatamente a todo el mundo. Yo sé que, por mucho que nos empeñemos, acabar con ciertas barbaridades en la Cofradía y en la Fiesta es una tarea de años. De no pocos años y -ojalá- alguna vez se consiga.

Pero en la Fiesta de Agosto, al iniciar la Virgen su regreso a la Parroquia y cuando ya algunos habían empezado a cantar tímidamente el Himno de siempre, me encontré con que, desde los altavoces empezaba a sonar el dichoso “Morenita...”, tan hermoso para los andujanos, pero que tanto daño va a acabar haciendo a las tradiciones de nuestro pueblo.

De todo esto, extraje la conclusión de que -evidentemente- en tu propia directiva hay miembros que comparten y apoyan esta y otras aberraciones. Mal asunto. Y, lo que es peor: que entre esa Directiva y entre bastantes paisanos nuestros hay un alto porcentaje de personal que no se molesta en leerse la publicación y pensar un poquito.

Y eso, como puedes comprender, desanima bastante a la hora de ponerse a escribir algo nuevo.

Ya conoces los motivos de mi situación de este año. No obstante, me he propuesto no faltar a esta cita anual y, rebuscando en mi archivo he encontrado esta pequeña oración, por la que siento un gran cariño y que tuve el honor de leer y dedicar a nuestra Patrona al acabar el día 1 de Mayo de 1.994, hace ya cinco años. Un fallo en los micrófonos (esos dichosos “duendes”...) y el jaleo que se había armado con el reparto del chocolate (ya ves...) impidieron que la oyesen pocos más de los que estaban a mi alrededor en la Ermita. Pero yo -repito- la hice con mucho cariño y espero que esta vez, al menos, tenga su oportunidad.

Y nada más, Paco. Esta carta es exclusivamente personal, pero no me importa que la conozca más gente. Ni siquiera que la publiques. Me he descargado de algo que tenía necesidad de decir y que, si no lo hago, reviento.

Un fuerte abrazo.

 

 

Esta carta nunca vio la luz. Posiblemente, los encargados de confeccionar el boletín anual de la Cofradía consideraron que se trataba de algo muy personal, que no encajaba con la intención estética del mismo. Bueno. Al fin y al cabo, nunca imaginé que se publicase, así es que en eso coincidimos todos.

El trabajo a que se refiere es el que viene a continuación.