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El decano de la
Cofradía: Salvador.
1.985
SALVADOR GALDÓN SOLÓRZANO fue puesto bajo la
protección de la Virgen hace más de noventa y dos años, lo que le
convierte, sin lugar a dudas, en el de más edad de los hijos de
Castellar y de nuestra Patrona en el momento actual.
Como es natural, tan dilatada existencia ha de
estar, forzosamente, cargada de recuerdos y vivencias que le han
convertido en testigo más o menos silencioso, de los acontecimientos
más importantes de nuestro pueblo, así como del devenir de la más
reciente historia de España.
Sus primeros años de vida coinciden con la
época agridulce de España, que abarca desde la amargura de la
desastrosa guerra de Cuba y pérdida total de nuestro imperio, hasta
la fecunda Generación literaria de 1898.
Dado el lógico atraso y la falta de
comunicaciones de aquella época, sus primeros recuerdos andan allá
por la guerra de África de 1907.
A partir de aquí, relatar el devenir de nuestra
España podría parecer una mala copia de un libro de historia. Pero,
con respecto a ella, es un vivo recuerdo de Salvador el haber
atendido a la mesa de don Niceto Alcalá Zamora, primer Presidente de
la Segunda República Española, en una visita que éste hizo a
Castellar, invitado por un alto cargo político de nuestro pueblo,
probablemente el Sr. Sanjuán, por entonces Gobernador Civil de la
provincia.
Salvador ha vivido muy intensamente los
distintos avatares de la vida de Castellar, ha sido testigo de
hechos importantes y conocido a sus protagonistas. Fue agricultor,
mulero, taxista, mecánico y tendero. Como conocedor, por viejo, de
la grandeza y miseria del ser humano, no quiere, ni ha querido
nunca, emitir opiniones ni enjuiciar hechos o personas de cualquiera
de las épocas de la vida de nuestro pueblo que le ha tocado vivir.
Siempre ha dicho que no hay que hurgar innecesariamente en viejas
heridas ni vivir de recuerdos agradables y dormirse en sus laureles.
Serán los hijos de Castellar, hermanados bajo
la advocación de su Patrona y el amor a su pueblo, los que,
olvidando diferencias, construyan el futuro de una comunidad
próspera y respetable, sin resabio ni resentimiento. Y lo tendrán
que hacer ellos y ahora. Nada ni nadie de fuera
vendrán a resolver nuestros problemas, a mover nuestras
instituciones y a darnos las cosas hechas.
Con respecto a la Virgen, Salvador, en la bruma
del tiempo, ha extraído un recuerdo curiosísimo y poco conocido, al
parecer. Este hecho roza casi con la leyenda pero, si pudiera
demostrarse, constituiría sin duda el más bello y emocionante
milagro de Nuestra Señora de Consolación.
En la guerra de África de 1907, en la que
combatieron varios jóvenes de Castellar, las madres de estos
soldados elevaron a nuestra Patrona innumerables rogativas y
peticiones para que salvaguardara a sus hijos.
El 27 de Julio de 1909, la brigada del general
Marina (Pinto?), en la que combatían paisanos nuestros, fue
destrozada en el Barranco del Lobo, al intentar tomar de frente el
monte Gurugú, desde donde los moros acosaban Melilla.
El 28 de Julio, por la mañana, algún devoto
observó que el manto de la Virgen estaba lleno de agujeros,
prácticamente hecho un colador.
ERAN AGUJEROS DE BALA.
En la acción del Barranco del Lobo no cayó ni
muerto, ni herido ni prisionero ningún hijo de Castellar. Todos,
absolutamente todos, se encontraban entre los muy escasos
supervivientes de aquel combate.
Es un bello y emocionante recuerdo, Salvador. |