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Gracias, Madre.
1.996
¡Danos agua, Madre mía!
Cuánto lo habremos gritado,
al principio, medio en broma,
al final, casi llorando,
con la mirada en tu rostro
y la oración en los labios...
¡Danos agua, Madre mía!
Y la duda, Virgen nuestra,
al alma se fue agarrando:
¿La Madre ya no nos oye?
¿Su Hijo nos ha olvidado?
Pues se morían los olivos
y con ellos arruinados,
se perdía el porvenir
de prosperidad y trabajo.
Pero María oyó la pena
de Castellar angustiado,
donde no crecía la hierba
y, triste, lloraba el pájaro.
Así, volviste tus ojos
al suplicar de tu pueblo
y hasta Ti y hasta tu Hijo
se elevó aquel sufrimiento...
¡Y llovió!
y volvió a crecer la hierba,
y cantaron los arroyos,
y regresó, con el agua,
la esperanza para todos...
¡Gracias, Madre, por traernos,
con la lluvia, la ilusión!
¡Y VIVA, VIVA POR SIEMPRE
MARÍA DE CONSOLACIÓN!
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