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La Larga
Espera.
Sevillanas a la
Virgen de Consolación.
1.996
(Recitado)
Esos días y esas
noches
de invierno, Virgen
bendita,
¡qué largos tienen
que ser,
esperándome en tu
ermita!
¡Qué largo se hizo el invierno,
teniéndote lejos, Madre!
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Teniéndote lejos, Madre...
¡qué largo se hizo el invierno,
teniéndote lejos, Madre!
Aunque hubo camino y tiempo
y ganas de visitarte.
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Y ganas de visitarte...
aunque hubo camino y tiempo
y ganas de visitarte...
¡Qué largo se hizo el invierno,
teniéndote lejos, Madre!
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Y ya muere Abril,
¡qué locura, Madre mía,
por fin, que ya muere Abril,
y cuento los días que faltan
por regresar junto a Ti!

(Recitado)
Tanto tiempo anduve
lejos
que hasta perdí la
alegría,
pero no olvidé a mi
pueblo
ni tus ojos, Virgen
mía.
Sé que me echaste de menos
y aquí estoy arrepentío...
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Y aquí estoy arrepentío,
sé que me echaste de menos
y aquí estoy arrepentío,
para poner en tus manos
la fe y el corazón mío.
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La fe y el corazón mío,
para poner en tus manos
la fe y el corazón mío...
Sé que me echaste de menos
y aquí estoy arrepentío
---
Que he vuelto al redil,
a la puerta de tu ermita,
¡qué ya me tienes aquí!,
que vi a Tu Hijo Nazareno
y tras sus pasos seguí.

(Recitado)
Mi Virgen no necesita
sacudidas ni
empujones
porque le gusta
sentir
latidos de corazones.
Mi corazón de romero
repica como campana.
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Repica como campana,
mi corazón de romero
repica como campana...
soy alondra tempranera
al despuntar la mañana.
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Al despuntar la mañana,
soy alondra tempranera,
al despuntar la mañana...
Mi corazón de romero
repica como campana.
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Y quiero ser flor,
para morirme a tu lado
y adornar tu alrededor,
envidiando tu belleza,
Virgen de Consolación.

(Recitado)
Eres Consuelo en mi
pena
y siempre mi paz y
calma...
Por eso te lanzo un
¡viva!
que me arranca desde
el alma.
¡Que un ¡Viva! para la Virgen
nunca falte en tu garganta!
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Nunca falte en tu garganta...
¡que un ¡Viva! para la Virgen
nunca falte en tu garganta!
¡Viva, viva mi Patrona,
mi Consuelo, mi Esperanza!
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Mi Consuelo, mi Esperanza...
¡Viva, viva mi Patrona,
mi Consuelo, mi Esperanza!
¡Que un ¡Viva! para la Virgen
nunca falte en tu garganta!
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Y empiezo a soñar
ir contigo, Madre, al Cielo,
y de tu mano allí entrar,
cuando se cierren mis ojos
y acabe mi caminar. |