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Reflexiones.
1.998
Toda romería es buena. Se pasan alegres días de
campo, se canta, se come, se bebe... También los hay que rezan al
santo o a la Virgen en cuyo honor se celebra. Y los que, no siendo
creyentes, se acercan por allí a compartir un vaso de vino. Pues
bienvenidos sean todos y bendita sea la fiesta que nos permite
disfrutar de la amistad y la alegría, creamos o no.
Así podemos, en principio, decir que es nuestra
romería. Pero algunos comentarios acerca del hecho de que la Virgen
haya pasado con nosotros el invierno me han puesto a pensar muy
seriamente. He tenido que oír cosas que parecían indicar un claro
deseo de que la Virgen “se fuese” porque si no, “no se iba
a poder celebrar la Romería con ilusión”. Naturalmente, y por la
más elemental prudencia, voy a silenciar fuentes y nombres. Sólo
faltaría que viniese yo ahora a sembrar discordias.
Pero el caso es que el hecho no parece ser
aislado, sino que esa opinión la compartía más gente de la que cabe
creer. Y entonces sí que creo necesario hacerse, muy despacio y muy
seriamente, un cierto número de preguntas.
Yo me pregunto si no estaremos invirtiendo el
orden y colocando la Fiesta antes que la Virgen. Así de sencillo,
pero así de duro. No acabo de entender actitudes de no compartir
nada allá en la Espinosa, cuando veo a “romeros” que acaparan
o quitan sitio al vecino... para poder colocar mejor su coche. Son
hechos ridículos, pero que indican una actitud claramente egoísta:
el que “trinca” tres o cuatro vasos de chocolate, para acabar
tirándolos en cualquier sitio, sabiendo que faltará para otros... De
verdad: no creo que sea ese el espíritu ni la actitud con que a la
Virgen le gustaría vernos a su alrededor.
¿Cuándo disfruta más una madre? ¿Si ve a sus
hijos pelearse por algo que se niegan los unos a los otros, o si
contempla como reparten en paz lo que hay? ¿Será posible que a la
Virgen le agrade ver como hay señores que se “adueñan” de un
varal y ya no dejan sitio a nadie ni durante cuatro pasos? Y, por
favor, no hablemos de promesas ni nada parecido. Una promesa que se
base en negar algo a otro no puede ser buena. Sugiero, en vez de la
del varal, la de no probar el alcohol en los tres días. Es sana para
el cuerpo y no molesta a nadie. Y difícil. Aún no conozco al que la
haya cumplido.
Decir que los jóvenes son el futuro y el tesoro
de vida en cualquier actividad resulta obvio. Pasar de ahí a que en
todo tengan razón o que todo lo hagan bien, es ya más complicado.
¿Cómo voy a negar que el trabajo, el esfuerzo de grupo, el
compañerismo, la ilusión y el colorido que supone el preparar una
carroza no sea algo muy positivo? Desde luego que lo es. He llegado
a comparar a esas chicas vestidas de faralaes con las flores que a
la Naturaleza no le dio tiempo a poner en el Santuario.
Pero imponer el paso, la velocidad y la hora de
entrada a la marcha de las carretas cuando viene la Virgen me
parece, de verdad, una ”pasada”, como dicen ellos. Todos los
que tenemos cierta edad recordamos a la Patrona entrando entre dos
luces. Evocamos como le brillaba el aura y se veía desde el pueblo
cuando la comitiva “volcaba” la última loma. Parecía que el
sol quería brindarle a Nuestra Virgen de Consolación el honor de su
último rayo. Pero ahora, los nuevos romeros somos más listos: hemos
sustituido aquella última caricia del sol por las bombillitas y la
batería de doce voltios. Hay que ver...
Es el mío un pueblo muy apegado a sus
tradiciones. Aún sangra la herida del cambio de fecha de la romería
a fin de semana. Pero de eso es mejor no hablar. No obstante, no
hemos tenido inconveniente en abandonar algo tan bello y tan
sugerente como es el himno de Nuestra Madre por otra música
importada desde la sierra de Andújar. Basta con contar las veces
que, de la Cruz de Piedra a la iglesia se toca el Himno de
Consolación y el de la Virgen de la Cabeza. Calculemos lo que puede
tardar en desaparecer el nuestro, en que nadie se acuerde ni de
música, ni de letra... Y veo como lo cantan entusiasmados paisanos
míos que, en defensa de otras tradiciones, no hubieran tenido
inconveniente en pegarse con alguien.
Por cierto: En el Cabezo de Andújar se toca
“Morenita...”, es verdad. Es SU himno y se puede comprobar el
último domingo de Abril de cada año. Pero ellos no someten a su
imagen, que es más pequeña, más ligera y la llevan entre más
personas, a ese bailoteo que hemos puesto de moda aquí y sobre el
que prefiero no hacer más comentario que el de que me parece, cuanto
menos, poco serio e irreverente. Aparte, naturalmente, de
destructivo, ya que la imagen de la Virgen no está preparada para
eso. El año pasado ya se averió gravemente la Corona. ¿Vamos a
seguir haciéndolo hasta que ocurra algo irremediable? ¿Y qué cara
pondremos entonces? ¿A quién le vamos a echar la culpa? Las ideas
claras: La Virgen y la devoción son una cosa y la “marcha”
otra muy distinta. Las dos buenas. Pero, por favor: respetándolas y
sin mezclarlas.
Hemos ido trayendo costumbres de otros sitios y
creo que hemos sido poco afortunados al elegirlas. El Rocío es el
Rocío, el Cabezo está en Andújar y la Estrella es otra cosa. Y
nosotros deberíamos ser, ante todo, NOSOTROS. Y dejarnos de
copieteos.
Líbreme María de Consolación de haber querido
ofender individual o colectivamente a nadie con estas palabras,
aunque sospecho que alguna mala cara sí me pueden costar. En todo
caso, si alguien se molesta, le ruego anticipadamente que me
perdone. No se trata de que yo quiera hacer la Romería a mi gusto,
no. Ni de que diga lo que está bien o mal: Yo no soy ni quiero ser
juez de nada ni de nadie.
Se trata, simplemente, de que nos pongamos a
reflexionar sobre estas cosas y tengamos la capacidad de deslindar
la romería buena del folklorismo malo. Y actuar en consecuencia
todos: directiva, clero, romeros, pueblo, visitantes, creyentes,
ateos, etc. Al final, habremos salido ganando.
Siempre bajo la atenta mirada de nuestra Madre
de Consolación.
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