Reflexiones.

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Toda romería es buena. Se pasan alegres días de campo, se canta, se come, se bebe... También los hay que rezan al santo o a la Virgen en cuyo honor se celebra. Y los que, no siendo creyentes, se acercan por allí a compartir un vaso de vino. Pues bienvenidos sean todos y bendita sea la fiesta que nos permite disfrutar de la amistad y la alegría, creamos o no.

Así podemos, en principio, decir que es nuestra romería. Pero algunos comentarios acerca del hecho de que la Virgen haya pasado con nosotros el invierno me han puesto a pensar muy seriamente. He tenido que oír cosas que parecían indicar un claro deseo de que la Virgen “se fuese” porque si no, “no se iba a poder celebrar la Romería con ilusión”. Naturalmente, y por la más elemental prudencia, voy a silenciar fuentes y nombres. Sólo faltaría que viniese yo ahora a sembrar discordias.

Pero el caso es que el hecho no parece ser aislado, sino que esa opinión la compartía más gente de la que cabe creer. Y entonces sí que creo necesario hacerse, muy despacio y muy seriamente, un cierto número de preguntas.

Yo me pregunto si no estaremos invirtiendo el orden y colocando la Fiesta antes que la Virgen. Así de sencillo, pero así de duro. No acabo de entender actitudes de no compartir nada allá en la Espinosa, cuando veo a “romeros” que acaparan o quitan sitio al vecino... para poder colocar mejor su coche. Son hechos ridículos, pero que indican una actitud claramente egoísta: el que “trinca” tres o cuatro vasos de chocolate, para acabar tirándolos en cualquier sitio, sabiendo que faltará para otros... De verdad: no creo que sea ese el espíritu ni la actitud con que a la Virgen le gustaría vernos a su alrededor.

¿Cuándo disfruta más una madre? ¿Si ve a sus hijos pelearse por algo que se niegan los unos a los otros, o si contempla como reparten en paz lo que hay? ¿Será posible que a la Virgen le agrade ver como hay señores que se “adueñan” de un varal y ya no dejan sitio a nadie ni durante cuatro pasos? Y, por favor, no hablemos de promesas ni nada parecido. Una promesa que se base en negar algo a otro no puede ser buena. Sugiero, en vez de la del varal, la de no probar el alcohol en los tres días. Es sana para el cuerpo y no molesta a nadie. Y difícil. Aún no conozco al que la haya cumplido.

Decir que los jóvenes son el futuro y el tesoro de vida en cualquier actividad resulta obvio. Pasar de ahí a que en todo tengan razón o que todo lo hagan bien, es ya más complicado. ¿Cómo voy a negar que el trabajo, el esfuerzo de grupo, el compañerismo, la ilusión y el colorido que supone el preparar una carroza no sea algo muy positivo? Desde luego que lo es. He llegado a comparar a esas chicas vestidas de faralaes con las flores que a la Naturaleza no le dio tiempo a poner en el Santuario.

Pero imponer el paso, la velocidad y la hora de entrada a la marcha de las carretas cuando viene la Virgen me parece, de verdad, una ”pasada”, como dicen ellos. Todos los que tenemos cierta edad recordamos a la Patrona entrando entre dos luces. Evocamos como le brillaba el aura y se veía desde el pueblo cuando la comitiva “volcaba”  la última loma. Parecía que el sol quería brindarle a Nuestra Virgen de Consolación el honor de su último rayo. Pero ahora, los nuevos romeros somos más listos: hemos sustituido aquella última caricia del sol por las bombillitas y la batería de doce voltios. Hay que ver...

Es el mío un pueblo muy apegado a sus tradiciones. Aún sangra la herida del cambio de fecha de la romería a fin de semana. Pero de eso es mejor no hablar. No obstante, no hemos tenido inconveniente en abandonar algo tan bello y tan sugerente como es el himno de Nuestra Madre por otra música importada desde la sierra de Andújar. Basta con contar las veces que, de la Cruz de Piedra a la iglesia se toca el Himno de Consolación y el de la Virgen de la Cabeza. Calculemos lo que puede tardar en desaparecer el nuestro, en que nadie se acuerde ni de música, ni de letra... Y veo como lo cantan entusiasmados paisanos míos que, en defensa de otras tradiciones, no hubieran tenido inconveniente en pegarse con alguien.

Por cierto: En el Cabezo de Andújar se toca “Morenita...”, es verdad. Es SU himno y se puede comprobar el último domingo de Abril de cada año. Pero ellos no someten a su imagen, que es más pequeña, más ligera y la llevan entre más personas, a ese bailoteo que hemos puesto de moda aquí y sobre el que prefiero no hacer más comentario que el de que me parece, cuanto menos, poco serio e irreverente. Aparte, naturalmente, de destructivo, ya que la imagen de la Virgen no está preparada para eso. El año pasado ya se averió gravemente la Corona. ¿Vamos a seguir haciéndolo hasta que ocurra algo irremediable? ¿Y qué cara pondremos entonces? ¿A quién le vamos a echar la culpa? Las ideas claras: La Virgen y la devoción son una cosa y la “marcha” otra muy distinta. Las dos buenas. Pero, por favor: respetándolas y sin mezclarlas.

Hemos ido trayendo costumbres de otros sitios y creo que hemos sido poco afortunados al elegirlas. El Rocío es el Rocío, el Cabezo está en Andújar y la Estrella es otra cosa. Y nosotros deberíamos ser, ante todo, NOSOTROS. Y dejarnos de copieteos.

Líbreme María de Consolación de haber querido ofender individual o colectivamente a nadie con estas palabras, aunque sospecho que alguna mala cara sí me pueden costar. En todo caso, si alguien se molesta, le ruego anticipadamente que me perdone. No se trata de que yo quiera hacer la Romería a mi gusto, no. Ni de que diga lo que está bien o mal: Yo no soy ni quiero ser juez de nada ni de nadie.

Se trata, simplemente, de que nos pongamos a reflexionar sobre estas cosas y tengamos la capacidad de deslindar la romería buena del folklorismo malo. Y actuar en consecuencia todos: directiva, clero, romeros, pueblo, visitantes, creyentes, ateos, etc. Al final, habremos salido ganando.

Siempre bajo la atenta mirada de nuestra Madre de Consolación.