Un paseo por los bares de Castellar años atras

 

 

Va pasando el tiempo con su ritmo inexorable y nosotros con él. Nuevas generaciones vienen empujando y los nuevos castellariegos imponen su estilo. Los pájaros siguen cantando; las primaveras continúan engalanando nuestros campos y el amor, como siempre, sigue prendiendo en los corazones de la juventud; el sol sale todos los días y alumbra nuestras claras alboradas que nos llegan por las vigilantes moles de Segura y se nos va por cárdenos crepúsculos a través de las estribaciones de Mágina.

Usos, formas y costumbres han evolucionando; pasamos de una cultura agrícola a otra más avanzada. El trigal ya no besa al olivo; no lo besa porque no hay trigal. Nuestros campos tapizados de verde plateado y rubio cereal han cambiado a favor del primero y la figura del segador con los ramales colgando de su cintura para aprisionar gavillas de mies no se volverá a ver por nuestros pagos, las hoces, condenadas al olvido, penden enmohecidas en los desvanes, siendo piezas de museo, y las eras, sin función, han cambiado su finalidad, pobladas de naves para alojamiento de maquinaria y tractores. Ya no nacen los "canutillos" ni el "pan de pastor" en las primaveras. Igualmente, el ganado de labor imprescindible auxiliar de nuestros agricultores asimismo desapareció a costa de potentes y modernos tractores que facilitan y mejoran las labores. Es el progreso.

El hombre, entonces como hoy, por su condición de "animal social", necesita relacionarse con sus semejantes y no eran muchos los lugares donde tenía ocasión de hacerlo.

Los "días de agua", en los que no salían al campo, aprovechaban para ir a la herrería y aguzar la reja, roma por el uso; al herrador para "calzar las bestias" o al molino, si era época de recolección de aceituna, en estos lugares se hablaba y comentaba todo. Igualmente acudían al "motor" para hacer el trueque del trigo por harina y adquirir los vales del pan del año.

Sin duda alguna, los principales centros de convivencia y reunión eran los bares y tabernas (los puestos) donde se tomaba el pulso a la vida local.

Eran estos establecimientos, igual que hoy, sitios donde casi a diario se encontraban los amigos después del trabajo para "hacer la liga". Se echaban el coleto una "media" por barba y., a casita, que llueve. Si la concurrencia era elevada y además había algo de extraordinario, se llegaba a la "cuartilla". Vino manchego transportado en pellejos o en barricas de madera y a fe que el camino no criaba hierba por la frecuencia de los abastecimientos.

Allí los "páter familias" celebraban el final de la matanza, llevándose ricas muestras de ella para compartirlas con la peña. También se "rompía la teja", es decir, para festejar el compromiso del joven que se ennoviaba; el "alboroque de los tratos"; las despedidas de soltero; los "quintos" con sus trajes nuevos en el día de su talla; se tramaban bromas mas o menos pesadas, como la de aquel empresario que dormía en su bar y no cerraba la puerta. Un grupo de zagales guasones cogió el catre en el que descansaba con él acostado y entre todos lo transportaron a la plaza, dejándolo en la puerta del Ayuntamiento... Ya se pueden imaginar cuando despertó.

Como nuestro pueblo tiene fama de extrovertido y acogedor, existía un abultado catálogo de estos establecimientos para solaz y esparcimiento de los castellariegos y forasteros que nunca salían defraudados. ¡ Qué más quisieran las organizaciones hosteleras actuales que contar con una "red tan tupida" como la de 

entonces en un humilde pueblo que involucionó desde los siete a los cuatro mil habitantes en tan solo treinta años.

Abundando en el tema hostelero quiero mencionar el establecimiento más antiguo del que me han hablado los mayores: se trata del "Charnaque", localizado en la carretera de Villacarrillo, a unos dos kilómetros de la población; a lo lejos, servían de referencia la doble fila de álamos que la flanqueaban, hoy desaparecidos como éste. La palabra "Charnaque", según el Vocabulario Andaluz, de D. Antonio Alcalá Venceslada, significa "Chozo del guarda de una era" o "casa muy humilde" ,"Choza", en fin, una especie de ventorrillo donde arrieros y jornaleros paraban a reponer fuerzas y calmar su sed con vaso de vino.

Me gustaría hacer un recorrido por la "ruta" de los establecimientos existentes en el Castellar de la posguerra. Para ello, me he valido de conversaciones con la gente mayor que me hablaron de ellos y me han referido anécdotas de los mismos:

BAR LA TERRAZA

Ubicado en los bajos del Palacio de Medinaceli, donde hoy está el Ayuntamiento. Fue comedor de Auxilio Social. Posteriormente se instaló este establecimiento. ¿Qué habrá sido de la espléndida verja que circundaba la barbacana?, ¿Dónde habrá ido a parar tras la rehabilitación de este edificio tan singular?. Era punto de reunión de lo más florido de la sociedad local de entonces.

Contaba Castellar en los años 50 con un equipo de fútbol, puntero en la comarca y allí se reunían los aficionados y componían canciones para animarlo. Había una que nos hablaba de Clemente, el legendario portero:

"Al entrar a la Terraza

se tiraban de valientes.

Pero ellos no sabían

Que teníamos a Clemente.

¡ Ay que tío, ay que tío,

que bigote le ha salió ¡."

Posteriormente fue convertido en el Circulo de Labradores.¡Cuantos bailes de carnaval y otros se celebraron en él¡

BAR ROMERO

También situado en el Palacio de Medinaceli. Conocido como el bar de "Ramón el Biche".

Fue en este sitio donde me tome mi primer "chato" de vino que costaba dos reales de entonces y mis amigos y compañeros de aventura controlando la puerta por si entraba alguno de nuestros mayores o personas conocidas, que después fueran con el cuento. Deliciosas las tapas que preparaba Lola, su mujer, y que él calentaba con un artilugio que aplicaba a la olla para que estuvieran más sabrosas. Pura ambrosía su carne con tomate.

Escenario de vespertinas partidas de truque y dominó, igual se envidaban las faltas o te ahorcaban el seis doble. Versos colgados en sus paredes, alusivos a los mirones impertinentes:

"El caballero mirón

habrá de considerar

que no debe molestar

ni estar dando su opinión..."

CAFÉ BAR MADRID.

En la Plaza, entonces de José Antonio, hoy de la Constitución, en los sótanos de la casa de D. Esteban Segura, regentado por D. Fernando López Vergara.

CAFÉ BAR MANILA.

Plaza de José Antonio, 1

Decía un anuncio contemporáneo:

"•Si queréis géneros buenos

aunque os cueste la "guita",

no dejéis de visitar

el gran Bar Manila"

Juan Román Villar.

LOS CANDILES. TRANSFORMADO EN LOS CLAVELES.

En su primera etapa atendido por D. Julio Arroyo y D. Antonio Vázquez Camacho, posteriormente por D. Teófilo Plaza, en el Callejón del Teatro. Luego éste fue trasladado a la Plaza de España.

Famoso por sus pucheros individuales de vino acompañados de patatas picantes. Las típicas "medias" en botellas rizadas del anís de la Asturiana. Único su"chapurreao".

BAR DE DANIEL ROMÁN VILLAR. Generalísimo, 40, decía la publicidad:

"En estos días festivos descansaré del estudio y en vinos y aperitivos me gastaré mi peculio"

ANTONIO DÍAZ ARMERO.

Bodegón conocido también como la "Baranda", en la calle de San Benito.

MANUEL ROMÁN VILLAR.

Los mejores vinos y más exquisitos vermut. C/ Juan de Dios González, 3.

FELIPE ESCAMILLA MARÍN.

Los mejores vinos del campo de Criptana.

Mendo Benavides, 6

MORALES.

El mejor tinto y blanco lo encontrara casa de los Morales. Generalísimo,22

RUFINO BENEGAS CLAVIJO. Almacén   de   vinos,   asimismo   conocido   como   la "Valvanera" o Bar Benegas. En la calle Calvo Sotelo 4, hoy

Avda. Virgen de Consolación , se formaban tertulias en la que se hablaba de fútbol y de boxeo.

LA CUEVA.

En la calle calvario, de D. Alejandro Ropa Molina. Típicas sus tinajas de barro y sus tapas de conservas y embutidos caseros.

MAGDALENA FUENTES.

Madre del malogrado Luis Berzosa, en la calle de la Fuente. Típicas sus cabezas asada en el horno de la "hornerilla".

BAR SEBASTIÁN.

En la calle Colón, propiedad de D. Sebastián García Munuera. Donde paraba la "Veloz", coche de viajeros que hacía la ruta de Chiclana a Villacarrillo.

Recuerdo la vetusta radio y las originales frascas de vino en impolutas estanterías. Posteriormente fue reformado por su hijo Salva, que innovó el servicio con exquisitas tapas y le dio un aire más dinámico y moderno. Célebre era su frase "fondo libre" para recibir a la clientela.

BAR RUMBO.

De Da Lola Rodríguez, en la calle de Colón, ideal para tapear.

LA MANTA.

Donde se tomaba la "última". Decía una copla: "Es el último cartucho en la manta y el balazo, allí se vende buen vino y, además lo dan barato".

LA CUADRA.

Plaza del Olivo. Magnifica terraza de verano, junto a los olivos del centro.

EL TABANCO.

En la Plaza del Olivo:

"Si quiere beber con alegría

visite el tabanco noche y día".

EL SANATORIO.

De D. Fabián Cabellos. Reducidas dimensiones. Vino manchego con altramuces y "torraos".

CASA MALAÑO.

Se hacía la liga a base de altramuces que él mismo preparaba estupendamente y garbanzos arreglados con yeso.

Célebre   era  la  ruta  conocida  como   "Vía  Crucis"  que discurría por la calle Guillermo Manjón. A saber:

CASA BUSTOS.

Tenían fama sus sardinas arenques que él mismo preparaba y sus crysler de vino con bacalao.

Las fiestas no eran las mismas si no te acercabas para degustar su rica cuerva , que no ha sido igualada, nadie ha podido superarla.

JERÓNIMO INIESTAR.

Lugar de tertulia. Buen vino con "torraos" y patatas asadas. Clientela como de la casa.

BENITO PÉREZ.

Los mas jóvenes nos reuníamos para tomarnos nuestras "pistolillas" con maní, escuchando sus historias.

DIEGO CAMPOS.

Se olía la limpieza a la hora que se fuera. Diego, correcto y educado, ponía buenas tapas.

JUAN HERVAS.

Conocido como "El Hogar del Soldado, pues la clientela de entonces iba vestida con ropa "caqui" procedente de las subastas del ejército por ser su precio mas barato.

VÍCTOR MORENO.

Amplio bar para pasar un buen rato con los amigos.

BAR CAMINO REAL

También conocido como "La Pista". Bar a la última, con excelentes tapas y fábrica de helados. Poseía una terraza de verano donde las tardes de los domingos estivales se organizaban bailes para disfrute de la clientela,

BAR DE JUANICO VILLARROYA Y MARÍA ANTONIA "MOÑOGORDO".

Bar entrañable.. Fue una lástima su desaparición y, con ella la de su artístico mostrador decorado de azulejos con motivos andaluces: El Cristo de los Faroles, la Giralda, etc. Estaba tan limpio que daba gloria entrar en él. Inolvidables las manzanillas de las mañanas de los domingos después de misa del alba, preparadas en una artística máquina de bronce que brillaba como los chorros del oro. El trato con los clientes era familiar y este matrimonio gozaba del aprecio y el respeto de todo el mundo.

BAR EL ABUELO.

De D. Isidro Ropa, notable por sus tapas. Posteriormente fue adquirido por D. Clemente Camón que lo convirtió en sala de juegos recreativos. El sueño de todo adolescente era echar una partida con él y ganarle.

BAR DE PEDRO ROMÁN.

En la calle Señen Segura. Aunque algo desplazado del centro del pueblo, merecía la pena acercarse a saborear las buenas tapas que allí se preparaban.

Actualmente existen mas establecimientos que, por estar funcionando actualmente, omito su enumeración, son menos que los que había en aquellos tiempos, pero que expenden buenos caldos y mejores tapas.

Espero no haberles cansado mucho con esta relación, considero positivo su recuerdo para que la juventud conozca cuales eran las diversiones en la segunda mitad del siglo pasado.

-Cristóbal López Serrano-