Avemaría de la Esperanza.

1995

 

Sálvete Dios, Esperanza

Ave, María Nazarena,

llena de Gracia de Dios

en triste noche de pena.

 

Dios Nazareno es contigo

en la oscura madrugada

y, camino de la muerte,

más que el dolor y la Cruz.

por culpa de mis pecados,

le pesan, Madre, tus lágrimas.

 

Bendita seas, Dolorosa,

Virgen de amor abnegada,

entre mujeres del mundo

de todas clases y razas.

 

Y que también sea bendito

el fruto de tus entrañas:

Este Cristo Nazareno

al que tu pueblo acompaña.

 

Santa Madre del Sufriente,

Esperanza desolada,

escucha nuestra oración

y, por nosotros, tus hijos,

a Jesús el Nazareno,

elévale la plegaria

que, viniendo de tus labios,

no dejará de escucharla.

 

Desde ahora, y en la vida,

sé siempre nuestra Esperanza.

Y, cuando la última ropa

sea la túnica morada

y, en busca del Juicio Eterno,

con temor, vaya nuestra alma...

 

¡Que no nos falten, María,

ni el apoyo de tu mano,

ni el de Jesús, tu Hijo Bueno,

que lavó nuestros pecados

con Su Sangre de Cordero

y hoy, postrados a tus plantas,

nos convierte en NAZARENOS!