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Oración
desesperada a mi Cristo Nazareno
1.995/2.004
Dime, Señor, ¿en qué piensas?
¿Por dónde discurren los caminos de tu
amargura,
de tu soledad,
...de tu decepción?
Porque no es ya esa meditación
para la injusticia que se comete contigo,
para la sangre que resbala por tu espalda,
para tu ya decretada muerte
en tremendo suplicio...
Tú tienes presentes otros suplicios,
duros como el tuyo
y sangrantes...
Pero infinitamente absurdos e inútiles.
¡Deja, Jesús, que la ternura de tus ojos
haga que puedan leerse en ellos
tus terribles preguntas a los hombres,
interrogantes que, hasta hoy,
quedan, Redentor, siempre sin respuesta!
Porque Tu Muerte, Señor, nos redimió a todos,
pero...
¿A quién redime el niño hambriento,
la madre desesperada,
el soldado muerto en guerra que no entiende
sino por las mentiras que le cuentan?
¿A quién redime el que aprieta un gatillo
apuntando al que no conoce?
¿Redime quien no comparte lo poco que hay,
sino que roba y desampara al hermano más débil?
¿Redime quién, desde la cómoda política
o la siniestra sombra del terrorismo
dice un NO suicida a la paz
una vez tras otra?
¿Redime a alguien esa negra boca de cañón
que, en este momento, y en algún lugar del
mundo,
puede estar apuntando a la sién de un hermano
mío?
¿Redime el general ansioso de gloria
ensangrentada?
¿O el político inútil y mezquino?
¿El cobarde traficante de armas y de droga?
¿El religioso intolerante y fanático?
¿El hombre de la calle, frío e insolidario?
¡¡¡NO!!!
No, Señor Jesús,
Padre Nuestro Nazareno:
Sólo Tú redimiste con tu muerte
y aún lo sigues haciendo...
Y los demás necesitamos ser redimidos por Ti
y pensar cada Viernes Santo y siempre
que, si hay respuestas para esas preguntas que
nos haces,
ya es hora de que nosotros,
los que queremos ser, como Pedro,
seguidores de tu ejemplo,
las vayamos buscando.
Y empecemos, entre todos,
a amar a quien nos rodea
como nazarenos que siguen tus pasos
en el camino de la vida.
Porque sólo así, y con Tu ayuda
SÍ estaremos
completando tu Redención
y la salvación de nuestras pobres almas.
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