Sigo estando,
Jesús mío...
Es posible
que, en las hojas
del boletín
nazareno,
mis palabras
y mis ripios
hayas echado
de menos.
Aunque nunca
te faltó,
del cofrade,
la palabra,
que si,
Señor, no fue mía,
sobró el amor
de crearla.
Y estos
hermanos que arrancan
del alma, su
sentimiento
semillas son
del amor
que hasta Ti
transporta el viento
Aunque, sin
literatura,
sin versos,
en el silencio,
sabes que
estuve Contigo
en muchos,
muchos momentos.
Desde
siempre, ser cofrade
fue sinónimo
de afecto,
de
camarada, de amigo,
de
compartir lo que tengo
De sentirte…
en mi medalla,
de intentar
seguir tu ejemplo,
de la oración
musitada,
del hermano
en el recuerdo…
Y en tus
filas, de morado,
en
“Madrugá”, seguir yendo…
Cuando es el
alma que escucha
en esa noche,
muy quedo...
De aquel amor
solidario
que Te llevó
al linchamiento,
por darme la
Salvación,
por lograr un
hombre nuevo,
amigo,
hermano de todos,
generoso sin
momentos,
dando todo
por los otros
sin dudas,
sin desalientos...
Luchador por
esa Paz
asesinada con
cuentos
de mercader
desalmado
que no
atiende al sufrimiento.
Dame, Jesús,
el coraje,
de ser
valiente, sincero,
no cómplice
de injusticias
ni convencido
borrego.
Que, porque
Tú no lo fuiste,
ni tus
palabras mintieron,
te clavaron
sin piedad
en el
terrible madero.
¡Ese fue mi
Salvador!
¡Ese es el
Jesús que quiero!
¡El que,
junto con su Cruz,
lleva al
hombro mi respeto!
Mi Esperanza
vive en Ti
y siempre
sentirte espero,
en mis luchas
por la vida,
a mi lado,
Nazareno.