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El
toro desde la antigüedad.
Desde los más remotos tiempos de la prehistoria, el hombre sintió un
intenso respeto y temor por las fuerzas de la naturaleza y por
determinados animales, a los que atribuía poderes benéficos o
maléficos, según los casos.
En el caso del toro, este respeto y temor llegó a traducirse en
bastantes casos, en una relación de tipo religioso, por ser el toro
fuente de alimento, como en el caso del hombre del Paleolítico, que
lo representa (toro, bisonte o uro) en sus
pinturas rupestres, o lo reproduce esquemáticamente como
en los llamados toros de Guisando, o, como en
la civilización egipcia, lo consideran (el buey Apis)
como un dios o un menzajero de los dioses.
Pero, al hablar del culto al toro en Egipto, hemos entrado en
contacto con el trato a nuestro animal sagrado en toda la cultura
mediterránea. Y en este sentido, no podemos olvidar la gran cultura
del toro en el mediterráneo de la Edad del Bronce: la cultura
micénica o cretense.
Creta es una isla del Mediterráneo situada al sur de Grecia, en la
que se desarrolló una extraordinaria civilización, cuya máxima
figura desde el punto de vista religioso era el toro.
Así lo podemos apreciar en los monumentos que nos han quedado, muy
especialmente en las ruinas del palacio de Cnossos, en frisos y
decoraciones, como aquella en la que se aprecia a unos jóvenes
lidiando con un toro, al que saltan, en una suerte que otras veces
se desarrollaba con una garrocha y que, en determinados espectáculos
he visto repetir de una forma casi exacta.
Hasta tal punto llegaba el respeto por el toro sagrado en esta
cultura que uno de sus reyes consintió en que su esposa tuviese
relaciones con un toro blanco para obtener un hijo fuerte, valiente
y semidiós. El resultado fue el Minotauro, monstruo gigantesco con
cabeza de toro y cuerpo de hombre, al que su padre encerró en un
palacio laberíntico para que jamás pudiese salir de él y al que,
periódicamente, se le entregaban una serie de jóvenes vírgenes de
ambos sexos (era carnívoro) para tenerle satisfecho y calmado y
conseguir que jamás saliese de su siniestro encierro.
A esto puso fin un joven llamado Teseo, cuya historia sería larga de
contar, que se atrevió a enfrentarse con el Minotauro y acabó con él
de una estocada bastante aceptable. No está claro si llegó a cortar
la oreja del Minotauro.
Uno llega a preguntarse si estos pueblos, cultos y adelantados para
su período histórico, no exportaron su cultura, costumbres y
celebraciones a través de otros pueblos y civilizaciones del
Mediterráneo y llegaron hasta nosotros a través de los más cultos
habitantes del valle del Guadalquivir: los tartesios o de nuestros
antepasados, los iberos, de los cuales recuerdo haber
leído en alguno de mis viejos libros de historia que “hacían
fiestas con toros”.
Al desaparecer la cultura cretense, este culto religioso al toro
decrece notablemente en las civilizaciones que la rodean. No
obstante, este animal totémico o sagrado sigue siendo, como decíamos
al principio, objeto de gran respeto, dada su innegable utilidad
como fuente de alimento, de ayuda en el trabajo, como podemos ver en
estas imágenes de un ánfora griega o en el friso romano que se
representa un sacrificio cuya víctima va a ser, evidentemente, el
toro que aparece en él.
Y no debemos olvidar que la cultura romana también fue determinante
en el Valle del Guadalquivir. Las dos grandes ciudades romanas en la
actual Andalucía fueron Itálica, junto a Sevilla, y Cástulo, en las
proximidades de la cercana Linares. Y son frecuentes los restos de
civilización romana que han aparecido en nuestro propio término
municipal.
¿Pudo ser éste el origen de la fiesta de toros en nuestro pueblo y
en los de nuestra comarca? Pues no hay pruebas históricas ni
determinantes, pero la pregunta es… ¿por qué no? ¿Se conciben unas
fiestas en Castellar sin toros? “Eso ni serían fiestas ni serían
ná”, que diría cualquiera.
¿Por qué?
“Porque en este pueblo ha habido toros de toa la vida de Dios”,
como se ha dicho muchas veces.
Bueno: si no desde la eternidad de toa la vida de Dios, nos
quedaremos con nuestros antepasados iberos como introductores del
culto al toro por estas tierras…
De la charla-coloquio “Los toros
en Castellar: la historia y el recuerdo”, pronunciada en el
Hogar del Pensionista de Castellar el 13 de Julio de 2002.
Baldomero Patón Galdón.
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