Jardinero de poetas.

1.989

 

DEDICATORIA:

 

A todos aquellos que sienten más ilusión y sueñan en hacer escritores y poetas que en serlo ellos mismos.

 

                                                              El autor.

 


 

Poeta... ¿qué es ser poeta?

 

Pregunta que sube al viento...

 

 

No es ser poeta cantar

sabido, tópico y viejo

que hagan de tu palabra

sonsonete vacío y hueco.

 

Un buen poeta lleva siempre

por bandera el sentimiento

y, haciéndola tremolar,

se impregna del mundo entero.

 

Sufriendo con el que sufre,

con villanos, justiciero,

del amor, enamorado,

y en alegrías, jaranero.

 

Y, tras sufrir en las penas,

juzgar, amar y -postrero-

sentir que corre en tus venas

fuego y vida muy adentro...

 

¡Contárselo luego al mundo

con verso rimado y bello

o libre, o prosa, mas siempre

con tu acento verdadero!

 

Y jamás vender la pluma

ni sepultarla en silencio

o elevar loas injustas

por honores ni dinero.

 

Que, si prostituirse es grave

si la mercancía es el cuerpo,

vender el alma es infame:

el pecado más abyecto.

 

Que tu poesía sea la brisa,

el aire límpido y fresco

que, pasada la tormenta,

orea el húmedo suelo.

 

Mas hazla también martillo,

flor, camino, luz, requiebro,

suspiro de jovencita,

negro vendaval violento.

 

Sé, poeta, sembrador;

transmite tu pensamiento

para que otros participen

de lo hermoso, de lo bello.

 

¡Que amen, que sientan vivo

su entorno caliente y pleno!

Que escuchen desde tus labios

o lean la prosa y versos

 

del gran Antonio Machado,

Gerardo Diego, maestro,

Federico García Lorca

y Juan Ramón, con Platero.

 

Y si notas que un día miran

con los ojos muy abiertos

cuanto vive en torno suyo,

o escarban en sus recuerdos...

 

y, puestos ante el papel,

sacan lo que llevan dentro,

que expresan en prosa llana

o hacen pinitos en verso...

 

¡Habrás logrado, poeta,

aquel milagro tremendo

de contagiar la locura

y hacer tu delirio eterno!

 

Que, aunque seas viejo rosal

de tronco torcido y seco,

los verás, cual florecillas,

brotando de entre tus dedos.


 

 

 

Y podrás sentir orgullo,

hombre lírico e inquieto:

Si no llegaste a poeta...

¡los sembraste como maestro!

 

Baldomero Patón Galdón