LAS FIESTAS DESDE EL RECUERDO

Días atrás, con motivo de la "revolución anual" que "nuestras santas" llevan a cabo en las casas; te hacen sentir uno más entre aquel batiburrillo y no sabes donde colocarte. En todos sitios entorpeces el desarrollo de este singular zafarrancho: No sirves mas que para "hincar puntas" y colgar cuadros. Mi mujer, removiendo papeles viejos de un cajón ¿baúl de los recuerdos?, sabedora de mi interés por las cosas relacionadas con mi pueblo, va y me dice: ¿A que no sabes lo que he encontrado en este cajón?. Yo, me acerco y materialmente le arrebato un folleto amarillento y ajado por el paso del tiempo: era un programa de festejos de hace casi sesenta años, en plena posguerra y escasez. Lo leo con avidez y entresaco algunas líneas de la colaboración-saluda del entonces Alcalde Sr. Malo Albacete, que entre otras cosas dice algo que es la señal de identidad de nuestro pueblo de Castellar: su hospitalidad.

"Castellar ofrece a propios y extraños el solaz de unos días de expansión; viste sus mejores galas y no distingue entre el vecino y el forastero, antes al contrario, cambia el verdadero significado de la palabra FIESTA, regocijo público para el recreo del pueblo, por el regocijo de Castellar para recreo de sus visitantes."

Lejos de mi ánimo que este torpe trabajo sin pretensiones se parezca a las famosas "bátallitas" del abuelo de aquella entrañable y peculiar familia del TBO ¿Era et de la familia Ulises, o el de la familia Cebolleta?

Por favor, no entendedlo como tal, antes bien, miradlo como una etapa de
nuestra historia local; como una etapa de nuestro incipiente desarrollo; como una
etapa de cimentación de lo que estaba por venir, para que nuestra actual juventud
haya alcanzado metas a las que nosotros no pudimos acceder, por los tiempos en
que nos tocó vivir:                                                                             

"Hoy, en mitad de la vida

me he parado a meditar...

¡Juventud nunca vivida,

quién te volviera a soñar!       

(A, Machado)

En base a mi edad, mis vivencias fueron muy intensas y mis frustraciones menores que los de la generación que me precedió, Esta colaboración se basa en testimonios orales, recogidos de nuestra gente y de las experiencias de un servidor. Podía haber sido mas riguroso, pero limitaciones a mi investigación hacen que sólo sea " tocar a oído" como hacen algunos músicos.

___Día 17-8.1862     ;

"Para la novillada o corrida del toro de muerte, se conviene pagar a la propietaria Da. Dolores Serrano 1.869 reales". (A. Robledo, 150 años de Historia)

 

 

 

En Castellar, como en el resto de las localidades de la comarca y de España, los grandes protagonistas de las fiestas han sido los toros. Dice hiperbólicamente Miguel Cano en su pregón de fiestas que "los toros de Guisando y de Altamira ya fueron corridos por los mozos en nuestras calles".

En torno a este mundillo siempre han girado éstas, amén de las verbenas muy arraigadas; sesiones de cine, partidos de fútbol, concursos y otras actividades pensadas para que paisanos y forasteros tuviesen unos días de asueto y diversión. Retener al máximo el jolgorio y la alegría que pasaba por nuestro pueblo delante de nosotros.

___Pasa la Virgen de Agosto, "cuando maduran las uvas", se huelen las fiestas.

Trastos a la calle: cañas y brochas; escobas de rama y de cosquillas. "Guisopos" para la "tierra al viso". "Caballo de oro" que lustra el dorado de las altas camas de coscobitos y ruedas; cal viva para las blancas fachadas y un sinfín de utensilios de limpieza. Que todo esté limpio y bonito.

Se refuerzan las barberías con oficiales de pueblos vecinos que auxiliaban al maestro, -el trabajo se amontonaba- y la gente, igual que las casas, quería adecentar su imagen. A los crios se les rapaba con un higiénico cero y se les dejaba un coquetón flequillo. Cosas de la moda.

Los hornos a tope de gentes que surtían sus exiguas despensas y alacenas elaborando ricas tortas, galletas, roscos de varias clases y otras delicadezas. La calle era un ir y venir de personas con latas para cocer regresando con los escriños más o menos colmados, tapados con vistosos cernaderos a cuadros.

Si, paulatina e inexorablemente se acercaba la feria. Se olvidaban las cartillas de racionamiento, las colas para recoger el agua y las fuentes (aquellas fuentes de "moros" de hierro colado) se veían desprovistas de su cotidiana escolta de cántaros mochos y lañados que aguardaban turno; las bestias en las cuadras de repletos pesebres. Pollos y conejos y demás especímenes de la fauna corralera eran víctimas de estos preparativos.

Cual golondrinas en primavera regresaban los emigrantes y la Alsina no daba abasto para trasladar a tantos como volvían a compartir la alegría y la bulla con su pueblo. La baca repleta de maletas de madera y cartón, asegurado su cierre con cuerdas de gruesos nudos. !Qué estampa mas emotiva cuando sonaba la campanilla anunciando que ya venían! !Qué alegrías en todas las caras que esperaban el regreso de sus seres queridos!. Alegría para los que llegaban y los que esperaban.

Menudo espectáculo era la arribada de los feriantes con las cunicas y caballicos; la noria, las casetas del turrón y los "paraguas". Serían repartidos por la "Olla", la Glorieta y la calle de la Villa.

Decíamos al principio que la estrella de las fiestas eran los toros. Existían en nuestro término, al norte del pueblo, dos o tres ganaderías de propietarios locales que algo habrán tenido que ver con la raigambre de la fiesta.

Tradicionalmente, la subasta de las reses que iban a ser corridas y lidiadas, se celebraba el día de Santiago, con la apertura de los sobres que contenían las ofertas y su adjudicación al mejor postor. Posteriormente era visitada la ganadería por la Comisión de Festejos para verlas y darles el visto bueno.

 

 

 

Las "Plazas de Toros" en principio se construían con rollizos de pino ys

ue yo sepa, estuvieron ubicadas en la Plaza del Ayuntamiento, la era del Calvario, -hoy Plaza del Olivo-; patio de la fábrica de aceites de D    Eloy Núñez, enclavado en el callejón Comandante Guerrero y el más reciente hasta  la construcción de la definitiva, que fue el corralón de D    Señen, escenario de tardes de triunfo y gloria; sobresaltos y broncas toreras   Gritos y oles

El ruedo, mas bien cuadrado, de la plaza se formaba con bidones cedidos por las fábricas Expuny y Colomer, que se utilizaban para el envasado y transporte del aceite y, sobre esta base se asentaban los palos que formarían las gradas y tablados para el respetable Construidos con gran solidez Nunca se dio el caso de accidente o derrumbamiento, es que nuestros albañiles conocían su oficio y realizaban el trabajo a conciencia

El ganado aposentado en los corralones de la Vega, esperaba el toque del clarín, mientras a los bueyes y cabestros se les subía al pueblo para que se familiarizaran  con el  recorrido del encierro     A su paso,  los transeúntes "por prudencia" se apartaban y los miraban con gran respeto    "No es por na, por si las moscas

La tarde de la víspera, la grey infantil bajaba hasta la "Jeroma" a esperar a los "soldaos", es decir: a la banda del Regimiento de Lepanto, que desde Córdoba venían para amenizar las fiestas con sus músicas Nuestra felicidad era caminar en pos de ellos, cuando a los sones de una marcial marcha hacían su entrada en el pueblo, que hacía una vez más gala de su hospitalidad, acogiéndolos en sus casas hasta el regreso

Aquella noche, noche de luna alta y redonda, bajo un cielo de estrellas cruzado por el algodón del "Caminico de Santiago", era difícil conciliar el sueño; como una especial Noche de Reyes, pensando en la mañanera diana y en el posterior encierro; impacientes para coger un buen sitio en una grada, que nos permitiera no perdernos ningún detalle

¡Cuanta ilusión!    El alcancía hecho añicos y sus perras gordas dispuestas para ser gastadas en la feria

Cuanta ilusión en colaborar con el tío de los caballicos para que nos permitiera empujar a cambio de uno a dos viajes gratis - trueque de fuerza por placer -    !   ue felicidad!    Hacer nuestra la realidad de la que nos habla D    Antonio Machado;

"Yo conocí siendo niño la alegría de dar vueltas en un corcel colorado en una noche de fiesta"

Especialmente emotiva fue la diana del día 4 de Septiembre de 1   957    La banda de música municipal salía a la calle después de 50 años de ausencia    !   ué orgullosos aquellos chavales y los no tanto!     Con qué marcialidad desfilaban detrás de su maestro y creador, el buen D    Antonio Gijón    Fue un éxito gracias al incondicional apoyo del Alcalde D    Pedro González Hervás   Aun perdura la misma con sangre nueva, tras muchos avatares y peripecias

 

La gente se concentra en el "coso taurino". Los más osados bajan hasta el principio de la carretera a esperar al encierro, que era conducido por gente experta como "El Poli", "Cohollo" o Silverio, el rebadán, responsables de llevarlo hasta la plaza.

En las paredes del pueblo -no había cohete-, a las voces de !Ya!,!ya!, !ya...!, el ganado emprendía veloz carrera revuelto con el mocerío, que lucía sus habilidades con quiebros, regates y algún que otro quite tras porrazos y revolcones, engañando al animal rodeando los gruesos álamos que jalonaban la calle. No, no era San Fermín sino la Virgen de Consolación la que estaba al quite.

Tardes de toros. El sol parecía haberse parado sobre la vertical del pueblo que, en los umbrales otoñales, calentaba con justicia.

Tardes de toros. Principio de ilusiones toreras y truncamiento de otras que pudieron ser y no fueron; música y oles para los buenos y broncas para los malos o los que no tuvieron suerte en sus faenas. Se dice por ahí que ante la desastrosa actuación de un torerillo con un morlaco de mucho respeto, éste era incapaz de hacer nada. El Alcalde, indignado, ordenó a los guardias que lo detuviesen y llevaran al arresto municipal y el cura sentado a su vera, intercedió para que no se llevase a efecto la orden. El torerillo deseando largarse de allí a cualquier precio, les increpó diciendo: "Bueno, ¿pero aquí quién manda más; el cura o el alcalde?" y consiguió su objetivo de quitarse de medio y ser enchironado.

Tardes de toros. Claveles de sangre joven y valiente en el albero de la plaza. Tributo de vida por un posible triunfo y un probable futuro de gloria.

Consustancial a las fiestas era la feria del ganado. Instalada en la zona del Calvario-Avenida de José López. Los agricultores interesados en comprar o vender animales de labor, ganado porcino, lanar, etc., los exponían para su venta o cambio.

Se buscaban animales o aperos de labranza, un buen marrano para la matanza (los mal llamados hocicones), calderas, camales, artesas y toda la parafernalia necesaria a este fin; útiles para las bestias: albardas, cinchas, ataharres, antojeras y demás equipamiento.

Hombres de blusas negras y poblados bigotes, con garrotas colgando de sus muñecas. Bestias de aspecto cansado y somñoliento, de párpados en cuyos bordes lacrimosos se arracimaban las moscas espantándolas con el rabo; repetían palabras aprendidas en los tratos, dándoles palmadas en las grupas para resaltar sus excelencias.

Para la gente menuda abundaban los puestos de baratijas y chucherías. El llamativo carro de helados de María Jesús con un artístico dosel de tela floreada y colgantes de flecos. Limpísimos recipientes que alojaban el deseado y rico helado de limón o vainilla que por un real o dos gordas deleitaban el paladar. IPura ambrosía!.

Los helados de Ginés Carrión, de Pedro Salcedo y los legendarios polos de "El Gordo" con su codiciado premio escondido en sus entrañas. Chupábamos y succionábamos hasta que extraíamos la esencia y sólo quedaba el hielo, era cuando se distinguía la moneda de dos reales (de las del agujero en el centro).

Los rojos pirulís de azúcar tostado de la Cirila. Los "torraos repasaos", cañamones y altramuces de los carrillos, a los que acudíamos a comprar "una perrilla de to revuelto". Los carrillos de chucherías fueron los cómplices de

nuestros primeros escarceos como fumadores a los que íbamos a comprar de tapadillo una pesetas de "Celtas"(entraban tres en el lote).

Las fiestas no eran tales si a la salida del encierro no te asomabas casa de Antonio Bustos y saboreabas un par de vasos de su cuerva con sus buenos tropezones de melocotón. No se ha conseguido igualar ni la cuerva ni el ambiente en que se servía.

En cuanto a bares, existía un "abundante catálogo" que, por no extenderme obviaré. Se merecen un capítulo aparte.

El cine también recogía el ambiente de aquellos días. Se proyectaban películas alusivas y de temas folclóricos.

Nos divertimos viendo Currito de la Cruz, El Niño de las Monjas, Ur Caballero Andaluz o Morena Clara; Jorge Negrete arrasaba en Allá en el Ranche Grande, con sus corridos y temas mejicanos que hacían furor.

Existía el recién estrenado Cine Colomer, cuyo antecedente fue el de verano de la fábrica de aceites de su propiedad. Se accedía por la calle Senadoi Sanjuan; allí vimos películas como Harka, Raza, El Santuario no se rinde, Balarrasa, etc. que ya son reliquias.

Estaba la nueva sala equipada con los últimos adelantos técnicos y decorada con mucho gusto, y tenía excelentes dependencias para servicio de los espectadores. El no va más. Se inauguraría sobre los años 55 ó 56 (corríjanme si me equivoco) proyectando la película "Agustina de Aragón".

El cine Cervantes, propiedad de la familia Aragón, cariñosamente conocido como "El cine de Mariquita", tenía una soberbia terraza de verano.!Qué delicia asistir en las noches estivales a sus sesiones!. Rodeado de plantas, macetas; una parra a la entrada y mucha vegetación que, una vez regada, invadía el ambiente de frescura y aromas agradables.

A modo de anécdota, recuerdo que una de las tapias que daba a las vecinas eras se prolongaba hacia lo alto con una valla de cañas entrelazadas para evitar que los menos pudientes desde allí viesen las películas sin pagar una peseta. O sea, por la cara.

Se proyectaban "western" como Tambores Lejanos, Solo ante el peligro; de Tarzán o las enigmáticas de Fu-Manchu.

Las sesiones cinematográficas fueron un imprescindible complemento a las fiestas y si a lo largo del año contaban con nutrida asistencia por ser los únicos sitios de entretenimiento, ahora se veía incrementada por la afluencia de más gente que no acostumbraban a hacerlo el resto del año por considerarlo un lujo. En ellos pasamos muy buenos momentos.

La verbena era para las fiestas lo que el agua para el botijo. Se hubieran desvirtuado si no existiese.

Según programas, había dos: una en la Plaza del Ayuntamiento de 11 a 1.30 de la madrugada. De entrada gratuita y amenizada por la banda de música de turno encaramada en un sólido tablado construido en la puerta de la Colegial. Mucho pasodoble y algún que otro tango.

 

 

 

Cuando terminaba ésta, empezaba la de la Plaza del Mercado, que, er razón a que la entrada era por "invitaciones" estaba más organizada. Decorads con "fantástica iluminación y farolillos a la veneciana" junto a la fuente hexagona del centro, formaba un atractivo marco; amenizada por buenas orquestas come "Sola", de Villacarrillo, "Lillo", de Madrid, y que, a fuer de repetir temporadas, eran consideradas como de la casa. También la "Real Herma" formada por artistas de la localidad.

Las parejas jóvenes o en estado de merecer iban acompañadas de la consiguiente carabina; en aquella época no estaba bien visto que fueran solas, como "macho sin cencerro", que diría un personaje local. Tampoco se veía con buenos ojos que ellas estuviesen en la "barra" (ambigú como pomposamente se le llamaba). Muchas, para mantener la distancia y evitar la fogosidad del galán, apoyaban el codo en el pecho de su pareja, "soslayando situaciones lujuriosas".

Se bailaba el son de la música más novedosa, con ritmos de ultima moda, como Bolero, Fox, Samba; el Bayón; aparte de los clasicos pasodobles, tangos chotis, etc.

Algunas parejas hacían gala de su maestría, bailando el chotis sin salirse de una baldosa.

En mi niñez, cuantas veces me he dormido arrullado por aquellos sones: Mirando al Mar, Madrid, La casita de papel, Carpintero, o con las cadencias del Bayon de Ana. Ahora que, cuando escuchaba La vaca lechera o la Raspa, intuía que el baile estaba a punto de terminar; me lo confirmaba el escuchar la estrepitosa " Conga del Canuto". Luego el silencio envolvía el pueblo hasta la alborada del día siguiente.

Y así era la cotidiana actividad del pueblo en las fiestas, hasta que el día de la Virgen, con el disparo de "una traca valenciana" se daban por terminadas. Descanso para los cuerpos y la gente se disponía a reanudar sus faenas habituales.

Y este ha sido a grandes rasgos el recuerdo de aquellas fiestas de la década de los 50 y 60. Gracias por su paciencia si han leído hasta el final.

 

 

 

 

 

 

Cristóbal López Serrano.