Pregón de
Festejos. Castellar, 1988.
A mi tierra y a
mi gente.
Y a todos
aquellos que, cerca o lejos, con su amor, la mantienen viva.
Con todo mi
cariño.
Buenas noches, o tardes, o lo que sean...
Ante todo, quiero agradecer la presentación
y dedicar un recuerdo al mamoncete del concejal que me
ha metido en este lío. Mucho peloteo, mucho querido
y honrado, etc., eso sí; pero ahora coges tú el micro
y te las entiendes.
Como no estoy muy seguro de la forma en que
puede acabar esto, voy a empezar al revés: saludando primero,
por si luego no me dejan. Saludo -eso sí- en primer lugar, a
todos los presentes, y os agradezco el favor y el detalle de
venir a escucharme porque -la verdad sea dicha- estos actos
suelen ser un rollazo; también saludo a los municipales
de mi pueblo para que no me metan en la cárcel cuando acabe, si
es que me dejan, y a mi mujer para que, si termino en la
perrera, no se le olvide traerme algo de cenar.
Normalmente, en este tipo de pregones se
suele hablar de lo bello que es el pueblo, de lo buena gente que
son los de aquí, lo bonitas e históricas que son sus iglesias y
monumentos, de que aquí estuvo una vez el Rey, o nació el obispo
Fulanico, allá por la época de los moros, que ya hace cuatro
días de eso. Podemos decir también, con orgullo, que producimos
el mejor aceite de oliva del mundo y que, entre otras cosas,
hacemos un ajo de morcilla que está para chuparse los
dedos. El único inconveniente que tiene es que, como te pases
comiéndolo, luego vienen los ardores y las rescolderas.
Y como no quiero soltar el rollazo
del que antes hablaba y que todos esperáis y teméis, porque lo
que estáis deseando es de que corte yo y empiecen las
bailaoras, me he tomado la libertad de improvisar unos
versillos que hagan la cosa más divertida y, a ser posible, más
corta.
Así es que a ver si os gustan:
No quiero ofender a nadie
por el uso de unos términos
que, dice, son malsonantes,
ordinarios o molestos.
Si los usas, basto eres,
perdulario, tío grosero,
pero es vicio nacional
el usar distinto metro
para el que tenemos cerca
y p´al que no conocemos.
Que, por soltar algún taco,
si te llamas Baldomero,
te dirán: "¡Ay, qué ordinario!
¡Qué descarado, qué obsceno!
¡Parece mentira que éste
ande por ahí de maestro!
Pero si eres don Camilo
y escribes libros y cuentos,
aunque el apellido Cela
ampare rayos y truenos,
serás hombre respetado,
famoso, ilustre, académico,
y hasta saldrás en la tele
cobrando buenos dineros.
Bueno, paisanos, al grano,
que ya han llegao los festejos
y hay que divertir el alma
y dar mucha marcha al cuerpo.
Que ya habrá tiempo, más tarde,
de mirar tristes al cielo
diciendo: "Joder, no llueve,
cosecha ya no tenemos".
De coger irritaciones,
al acercarse el invierno,
cuando las Contribuciones,
el IVA y el papeleo
nos den bastante por saco
y nos saquen los dineros.
¡Que se olviden las tristezas,
los achaques y los cuentos!
¡Desempolvad la alegría,
que empiecen los ratos buenos!
¡Que se arreglen las mujeres
con sus mejores pertrechos!
Que iluminen nuestras calles
con esos ojazos bellos
que te sugieren amores
y esperanzas, y deseos.
¡Que haya montones de luz,
de alegría, de salero,
de piropos de los finos
y requiebros zalameros!
Porque, bien de faralaes,
de paisano o rociero,
vestida de chulapona
o con cualquier otro atuendo...
¡No hay hembras como las nuestras,
y no descubro ná nuevo!
¡¡Viva la mujer de España
Y VIVAN LAS DE MI PUEBLO!!
Y de los hombres no hablo,
ni alabo, ni piropeo,
porque está claro, paisanos,
que es que yo, de tíos, no entiendo.
Aunque, eso sí: hay que decirlo;
no hablar sería traicionero:
En lo de mujeres guapas,
y en la alegría de su cuerpo
y en el gozo de su alma...
¡Algo que ver... sí tendremos!
¡Que no sobre gota ´e vino,
que buena fama tenemos!
¡Venga cerveza y cubatas
p´a que
pasen bien p´adentro
las gambas y langostinos,
ritos, pinchitos, conejos,
los pollos del asador,
chorizos, jamón y queso!
Que todo lo que he mentao,
lo saben bien los más viejos,
si se toma con prudencia,
no hay mejor medicamento.
¡A bailar en las verbenas
hasta que reviente el cuerpo,
alternando pa unos y otros,
carrozones y rockeros,
pasodobles, Miguel Ríos,
Hombres G
y tangos muy lentos!
¡A echar huevos al asunto
y correr en los encierros,
y que toreen las vaquillas
hasta los niños de pecho!
Que, con el tercer cohete,
y con el jaulón ya abierto,
los bravucones novillos
y los cansinos cabestros
piensen en sus cabezotas
con ojos de desconcierto:
"¡Pero qué par de pelotas
tienen los tíos de este pueblo!"
Y, por la tarde, ¡a los toros,
para aplaudir a los diestros
que agradecen nuestras palmas
y sueñan con otros ruedos!
Y luego, allá en la Maestranza,
cuando recojan trofeos,
se acuerden de nuestra plaza
y vivan en su recuerdo
pensando: "¡Qué gente aquella!
¡Qué cariño que pusieron!
¡Con qué calor me aplaudían
y el empujón que me dieron
de ilusión y de moral,
borrando penas y miedos!"
Y, sobre tó, y al final,
¡Que aquí no haya forasteros!
¡Qué del Charnaque y del Caño
y Fuente Abajo p´adentro
no haya extranjeros ni extraños,
que somos tós d´este pueblo!
Los que en él viven ahora,
otros que lejos se fueron
y vuelven ya con sus hijos
que conocen de oídas esto.
Y hasta el tío los caballicos,
por la tira ya de tiempo
que hace que trae el cacharrete
tenía que ser del pueblo!
Que las palabras racismo
y charnegos y maketos
no son inventos de aquí,
que vinieron de muy lejos.
¡Abramos todos los brazos,
abrid vosotros los vuestros
y juntemos cuerpos y almas
en un apretón tremendo!
Pero ya os veo cansaos,
casi con cara de sueño,
pensando: "Este tío no acaba,
los críos no se están quietos
y, de versos y de ripios;
estamos ya hasta los huevos..."
¡Que empiecen las bailaoras!...
¡¡Y que viva nuestro pueblo!!
Baldomero Patón Galdón