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LAS “MARIMANTAS” Cristóbal López Serrano nos da noticia de una muy antigua tradición de respeto y recuerdo a los familiares fallecidos, consistente en vestir el día de Todos los Santos las camas de limpio con las mejores sábanas, amparados en la antigua creencia de que esa noche, preludio del Día de los Difuntos, todos los muertos retornan del más allá a dormir en sus camas. Pero cuestión de camas, y más que para los muertos para los vivos, eran las “marimantas”, que no eran otra cosa que hombres que se vestían, allá por los años cuarenta de nuestro siglo, de forma grotesca y con ánimo de asustar al vecindario, sin otra intención que ir a buscar, sin ser reconocidos, los favores de viudas y solteras.
Pero el ciclo festivo de Castellar, en coincidencia con el año natural, comienza con la festividad de San Antón, en cuya víspera se suelen hacer hogueras en las puertas mismas de aquellos vecinos que dejados llevar por su devoción, pagan de esa forma al santo abad los favores recibidos al serles sanado por su intercesión algún animal de su establo.
El 21 de marzo se lleva la imagen de San Benito, patrón de la villa, a su ermita situada a un kilómetro del pueblo. A primeros del mes de agosto la imagen retornará a Castellar.
Por San Marcos, 25 de Abril, había costumbre de irse al campo, una vez que había sido bendecido por el santo evangelista sacado en procesión. Se cantaban las “letanías de los santos” y con retamas y matorrales se hacían nudos con ánimo de “atar al diablo” y de esta forma proteger las cosechas de toda plagas.
Pero sin lugar a dudas, el ciclo festivo de los castellariegos, se ve marcado a través del año por las muestras de fervor y devoción profesadas hacia la patrona de la villa, la Santísima Virgen de Consolación, cuya imagen actual es obra de Jacinto Higueras. Los actos comienzan a primeros de mayo, los días 1, 2 y 3, cuando después de algunos rituales previos, realizados el último día de abril, como llevar el estandarte desde la casa del hermano mayor hasta la excolegiata de Santiago, la misa con el canto de la Salve, la bendición de los estandartes y el pregón de la romería, al día siguiente todos se desplazan hasta el santuario de la Virgen, situado a cuatro kilómetros de la población, donde tiene lugar la ofrenda floral y un entrañable acto denominado “darle las buenas noches a la Virgen”. Hasta el día 3, en que la Virgen retornará al pueblo, los romeros acamparán en el paraje denominado “La Espinosa”, junto a los restos de cuyo castillo dice la tradición que se apareció la Virgen, donde compartirán hermandad y viandas.
El 8 de Septiembre, celebración de la Natividad de la Virgen, se celebraban las fiestas más genuinas de Nuestra Señora de Consolación, con encierros de toros, que ya en el siglo XVIII se llevaban a cabo por la noche, repartiéndose, después, la carne de las reses entre los vecinos. En 1972 estas fiestas se trasladaron al 15 de agosto, fecha en la que tienen posibilidad de retornar a su pueblo los castellariegos que residen en los más diversos puntos de la geografía española.
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