El caso de Montserrat Andrade Rodriguez la primera mujer asesinada a manos de su marido en san jose de la rinconada el 4 de febrero de 2006

Me llamo Montserrat Andrade Rodriguez, tengo 36 años. Nací la última de una familia de siete hermanos. Mi familia, como se suele decir, "es muy normal", muy andaluza, con buen carácter, sociable y sencilla. De ahí viene mi buen humor y mi sonrisa fácil. En los estudios, se puede decir que no lo hice muy bien ya que apenas puse interés en ellos. Una vez que deje el colegio, trabajé en varios sitios: almacenes de frutas, limpieza doméstica, etc.
Mi vida hasta ese momento era tan normal como el de muchas mujeres. Ahora con el tiempo, me doy cuenta de que mi vida cambió y dejó de ser anónima el día que me enamoré. Es verdad, el amor ha supuesto para mí las dos verdades más rotundas que se pueden encontrar en esta vida, la felicidad y el dolor.
Voy a hablaros en primer lugar de mi felicidad. En ese momento, la felicidad era el amor, sólo el amor, aunque se suele decir que el amor es ciego. Dentro de esta palabra que para mí es tan bonita, se encontraban los sueños, los sentimientos, el futuro.


El compartir la vida con la persona que amas, lo era todo y por eso, lo perdonaba todo.
Al principio perdonaba por amor una palabra más alta que la otra, después perdonaba la vejación, el insulto... y tantas otras cosas. Lo veía normal, mas cuando al momento me pedía perdón o incluso me regalaba un ramo de flores. ¡Qué tonta era!, ¡Qué ciega estaba!, y es que el amor lo perdona todo. Con el paso del tiempo, el amor cambió de dueño y tan sólo era feliz con mis dos hijos. Eran mi refugio, mi consuelo, el sentido de mi vida.
¡Qué tristes años!. Sí, porque me sentía impotente para cambiar la situación. De la felicidad pasé al dolor. ¡Dolor! ¡Dolor! que palabra más triste. Sentí dolor por no sentirme mujer, ni madre, ni persona. El hombre al que había dado mi amor me maltrataba, me humillaba e incluso delante de mis hijos, me sentía anulada.
Creo que era como una marioneta, sí, es cierto, una mujer anulada como una marioneta donde la persona a la que te has entregado mueve los hilos a su antojo, tratando de crear su propio espectáculo, de tal forma que él sea el autor de la obra, el director y el actor principal, dando desde la primera página hasta la última la forma que él considera más oportuna.
¡Mis hijos! ¡Qué pena de mis hijos!. ¿Qué podrían sentir al ver a su madre anulada, despreciada sin ningún valor?. ¡Cuánto han sufrido!.
¡Y mi familia!. Sí, sentía el apoyo, el aliento de algunos de ellos, pero no quería preocuparlos con mi situación, no quería hacerlos sufrir.
Reuní todas las fuerzas que me quedaban, y un día me propuse cambiar esta situación. Comencé a estudiar para conseguir un trabajo que me abriera las puertas de mi casa y así escapar de la opresión de mi marido. Y es que hasta mi propia casa me parecía una cárcel. Después de mucho esfuerzo, conseguí un título que me dió la oportunidad de trabajar. ¡Por fin!, pensé; ésta es la ventana que se abre a la libertad. A partir de aquí, podré ser independiente y junto con mis hijos seré de nuevo una mujer, una persona.
Me equivoqué, esto fué el final de mi vida.
Una triste noche para mi recuerdo, la persona a quien había amado se convirtió en mi verdugo. Sin darme ninguna oportunidad me quitó las ilusiones, los sueños, el futuro, mis hijos...la vida.
Tres años más tarde cuando recuerdo aquella noche aún lloro de dolor. ¡Cómo me golpeó!, ¡Cuántas puñaladas!, y yo intentando defenderme.
¡Y mis hijos! ¡Pobres míos!, me estoy muriendo y no les puedo volver a besar.

 

No me duelen sus puñaladas clavándose en mi cuerpo, me duele la soledad de la muerte, me duele la soledad de mis hijos, me duele el alma. Se me va la vida y no sé porqué. ¡Cuánto he sufrido! ¡Cuánto sufro!.
Mi madre, pobrecita, cada vez que me acerco a ella siento el temblar de su cuerpo, veo el caer de sus lágrimas, la tristeza en el latido de su corazón. Sé que no se va a recuperar de este golpe tan grande. ¡Es tan mayor!.
Mi hermana, ¡Cómo la quiero!. ¡Cómo está luchando por mis hijos!; dándoles el amor que yo no puedo darles, contándoles esos cuentos que tanto les gustaba que les leyera para dormir.
¡Mi lucía! ¡Pequeña mía!, cada noche te doy mil besos a la hora de dormir, estoy en tus sueños, soy tu hada madrina, tu ángel bueno.
Y tú, Javi; que mayor te has tenido que hacer de repente; que orgullosa estoy de ti. Yo estoy aquí para guiarte, para ayudarte a caminar.
¡SÉ QUE ESTOY VIVA!. Vivo en el recuerdo. Mi verdugo mató mi cuerpo pero no podrá matar jamás mi recuerdo mientras vosotros me recordéis.

Montserrat Andrade Rodriguez

 

Fuente - http://violenciadegenerosevilla.blogspot.com/2009/03/el-caso-de-montserrat.html

Comentarios (0)
Escribir comentario
Your Contact Details:
Comentarios:
[b] [i] [u] [url] [quote] [code] [img]   
=)=D=(XD:dizzy:T_T:blush:^_^=_=-_-:pout::angry:
=Oo_O:snicker::eyebrow::sigh::sick::whisper::whistle::nuu::gah::flame::cool:
:shy::kawaii::notfunny::snooty::uhh:X_XXB:talkbiz::grr::onoes::psychotic::scared:
:evil::nomnom::zombie::want::drunk::love::meow::music:

Actualizado ( Miércoles, 25 de Abril de 2012 08:39 )