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Carta a los Reyes Magos - 1938

Por casualidad he encontrado una curiosa carta, posiblemente conservada gracias a la filatelia, que nos sorprende continuamente con acciones insólitas, en este caso por la ilusión infantil de los Reyes Magos, que hizo que en Cuba, en diciembre de 1938, un niño enviara a una región tan lejana como Palestina una carta llena de ilusiones, solicitándoles regalos.

Varias cosas soprenden tanto de la carta enviada hacia Palestina como de la respuesta posteriro del correo de Palestina a La Habana.

La carta fua expedida en La Habana el 6 de diciembre de 1938, justo un mes antes del día, en que, en enero, se conmemora la llegada de los Reyes Magos con sus camellos atestados de regalos para repartir misteriosamente de casa en casa, tradición que lamentablemente de va perdiendo en la Isla.

Literalmente dice:

"Diciembre 6 de 1938

Queridos Reyes Magos

Estoy muy contento con todo lo que me trajeron el año pasado y espero muy animado para que este año me traigan un crucerito, un camión con foquitos que puedan alumbrar, una ametralladora, un avión que yo quepa y lo maneje. Muchas gracias.

Los recuerda y estima Jose M Valls y Pérez"

La carta tiene por franqueo un sello de dos centavos de la serie básica de patrionas, y se acompaña del sello de un centavo que por primera vez se utilizaba en la Isla con fines benéficos y que se puso en circulación el dia primero del propio mes. Evidentemente la carta fue expedida por vía de superficie con ese franqueo que a la sazón era el de la correspondencia ordinaria nacional... y cuyo destinatario: Sres. Reyes Magos. Tierra Santa. Arabia (Palestina) fue respetado por los funcionarios de correos cubanos, acaso creyentes también en los Magos de Oriente.

Llegó a Jerusalén el 12 de enero de 1939. Hay una tasa de 6 mils y un sello en color violeta "Cargo no detectado" e indicaciones de devolución.

Salió de regreso el 16 de enero de 1939 de la oficina postal de Jerusalén y llegó a la Habana el 6 de marzo de 1939. Al no tener indicación de remitente, fue abierta oficialmente por el Negociado de Certificados y Rezagos de La Habana y devuelta a la dirección del membrete que por fortuna tenía el papel de la carta. Suponemos que el niño Jose Manuel Valls, no supo que su carat fue devuelta; debió haber tenido los regalos esperados, cuando por una segunda vez escribió a sus queridos Reyes al siguiente año. No tenemos constancia de ello, pero poseemos una tarjeta postal que da fe de la recepción de una misiva, cuyo texto en francés merece ser expuesto por el respeto que les mereció recibir la carta aludida.

Se trata de una tarjeta postal de Palestina, matasellada el 10 de enero de 1940, en Belén, y dirigida a La Habana, con recepción el 27 de febrero de 1940. Su texto es el siguiente:

"Mi querido amiguito:

Su amable carta de 9 de noviembre de 1939 ha demorado dos meses en llegar aquí. Estos tiempos de guerra impiden a los Reyes Magos enviar cualquier cosa desde Belén. La censura ni siquiera permite pasar las imágenes. He aquí lo que yo voy a hacer (pues no quiero que usted haya escrito en vano): yo diré por usted y sus seres queridos, vivos y fallecidos, una misa en la Santa... y le bendigo de corazón.

Por los señores Reyes Magos

El guardian de Belén

P.Z. Marchal U.F.M.

Belén, el 9 de enero de 1940"

 

FUENTE: Carlos Echenaugusia García

Docum. de Castellar en el Archivo Histórico Diocesano de Jaén - Causas criminales (1614-1833) - Alejandro Romero Pérez

Otro nuevo documento de investigación, fruto del trabajo de Alejandro Romero Pérez, que nos muestra otra parte desconocida de nuestro pasado. Según el "prólogo" de ese mismo documento, "Este trabajo es el resultado de la ordenación cronológica, catalogación y estudio de los procesos criminales juzgados por el Tribunal Eclesiástico Episcopal en el lugar de Castellar, a partir de la documentación conservada en el Archivo Histórico Diocesano de Jaén."

Desde aquí quiero agradecer a Alejandro su labor y el que comparta con nosotros sus "descubrimientos", y le animo a que continúe haciéndolo en próximas ocasiones

 

Artículo en la revista Paisaje sobre las Cuevas de la Lobera (A)

Artículo que aparece en la publicación llamada "Paisaje, crónica mensual de la provincia de Jaén", sobre las Cuevas de la Lobera de Castellar y firmado por D. Juan de Dios González Carral

Carta dirigida por D. Juan De Dios González Carral al Diario Jaén en 1950 (A)

El Templo Parroquial de Castellar

Carta dirigida al diario "Jaén", el mes de octubre de 1950

por Don Juan de Dios González Carral.  Fotos archivo

Fotografía de principios del siglo XX de la puerta principal, de estilo dórico romano, construida a la vez que el crucero al finalizar el siglo XVI, que  muestra en su ángulo superior derecho el contraste de alturas entre nave y crucero, que expone Don Juan en el presente documento. (foto cortesía de don Antonio Robledo Morales de su libro "150 años de Historia de Castellar")

 

 

En algunas calles del Norte de esta villa resonó gran estruendo a las diez de la noche del día 7 de este mes de Octubre; los vecinos, salieron alarmados de sus casas para enterarse de la causa originaria de lo que habían oído y pronto la supieron; a la mañana siguiente se vio que tres vigas de una de las naves laterales del templo se habían hundido y con ellas la parte de tejado que soportaban.

Es el tercer caso de esta índole que se ha producido en aquel edificio durante los dos últimos años. Este suceso me impulsa a publicar sucintamente la historia de esta construcción por si el conocimiento de ellos sirviere para estimular y convencer a  quienes por su elevada representación política o influencia pueden evitar que este edificio quede reducido en pocos años a un montón de escombros.

Según nos dice la CRÓNICA DEL SANTO REY en su capítulo XIII, hacia el año 1225 sacó su hueste y entró por tierra de moros el Rey Fer­nando III, conquistando sucesivamente los pueblos de Iznatoraf, Sorihuela, Chiclana, Santistebán, y otro que lindaba con todos ellos por estar en medio, que entonces se llamaba Torre Albet, sin duda por que fue dominio  de la esclarecida familia que lleva­ba asta nombre.

Inmediatamente que cayó en poder de los cristianos, fue cambiado aquel nombre por «El Castellar», el que acaso se eligió para expresar su sistema de edificación defensivo, que estaba formado por tres castillos o torres aisladas defensoras de los flancos Sur, Este y Oeste, ya que el Norte es una ladera muy pronunciada que constituye una defensa natural. Del castillo situado en el altozano quedaban los restos hace pocos años y hemos visto también la galería subterránea de escape que salía al campo, a más de un centenar de metros de distancia del edificio, no podemos precisar el sitio que ocupaba el castillo del Sur, porque al extenderse el pueblo en esta sentido lo hizo desaparecer. La defensa del Oeste estaba formada por un patio amurallado  de forma rectangular. de 15 x 30 metros aproximadamente y de una torre destacada del muro del Oeste, al que dividía en dos orejones iguales y en el del          Sur se observa todavía el recuadro decorativo árabe de la portada, muy erosionada por el tiempo, en el que existe tabicada, la antigua puerta de pequeñas dimensiones que daba acceso al patio de armas  a modo de poterna. Un estudio arqueológico de las bóvedas y escaleras da la torra, conduce a la suposición de que este edificio fuera construido por el muladí Omar ben Ha£sum, durante su dominio de esta región  en el siglo X, o por los árabes que le arrebataron  esta posesión en el mismo siglo.

La exaltación religiosa que sucedía a la liberación da las pueblos por los cristianos, era la expresión natural contra la opresión mantenida durante varios siglos por los invasores de distinta raza y credo que los oprimidos. Las necesidades de los pueblos eran muy limitadas y antes de atender a las de carácter cívico comunal se resolvían las religiosas, reparando y reconstruyendo sus templos o edificándolos de nueva planta; pero corno las arcas del Estada estaban exhaustas, como consecuencia de los enormes gastos que ocasionaba la prolongada reconquista se reformaba o utilizaba en muchos casos alguna edificación que a poco a poco pudiera convertirse en templo dedicado al culto divino. En El Castellar se dio uno de estos casos: La torre árabe de la fortificación descrita, fue despojada de sus almenas, sus muros se elevaron cinco metros sobre su anterior altura para dejar en ellos ventanales que habían de alojar las campanas, que serían en  lo sucesivo pregoneras transmisoras por medio de sus rígidas lenguas, de duelos o alegrías del vecindario.

El patio contiguo se dividió a 1o largo en tres partes por medio de dos series de   arcos ojivales apoyados sobra columnas de fuste octagonal, matados con capiteles en los que se emplearon distintos elementos decorativos en cada uno de  ellos.  Este conjunto fue cubierto con un tejado que se apoyó sobre las paredes que formaban el patio y sobre los arcos.

Con tan escaso coste se consiguió transformar a fines del siglo XIII una vieja construcción militar árabe, en una iglesia cristiana. Tres siglos después El Castellar contaba con  2.500 habitantes aproximadamente y los 450 metros cuadrados de superficie que tenía el templo eran  insuficientes para contener a los fieles que a él concurrían y hubo que ampliarlo, agregándole hacia el saliente un nuevo 1oca1 de unos 180metros cua­drados a modo de crucero; pero fue tan desproporcionada esta obra con relación a la que entonces  había, que  elevó sobre ella unos 10 metros, por término medio, y aún superó la altura de la torre en más de 3 metros, produciendo una desagradable perspectiva.

El muro divisor de ambos locales fue sustituido por tres grandes arcos que los ponían en comunicación, y sobra ellos se construyó una pared ciega de unos 12 metros de altura, cuya enorme carga debía producir desperfectos que enseguida se vieron; se agrietaron los muros presentando grandes fisuras de arriba a abajo, y perdieron su dirección vertical. No se ha hecho ningún estudio de estabilidad y resistencia del conjunto de los arcos mencionados y del muro que sostienen; pero es de supo­ner, que falsearan los cimientos por excesiva pre­sión, aunque las pilastras y los estribos que soportan los arcos tienen gran superficie de apoyo.

Cualquiera que examine el techo del crucero, aunque no sea profesional de la construcción, observará que la gran bóveda elíptica que existe por debajo del tejado, está desprendida del muro del Oeste, lo que demuestra que esta pared se ha inclinado hacia afuera, ya que la bóveda sigue apoyada sobre los otros tres muros, y para evitar el aumento de estos desperfectos, se construyeron, no sabemos cuando, sobre las fachadas del antiguo edificio, dos muros a modo de contrafuertes, con más de cinco metros de altura; pero por entre esos dos sostenes, el tiempo continuó su acción demoledora y  los grandes temporales del año 1926 produjeron el derrumbamiento de  varios metros cúbicos de pared sobre el tejado de la nave lateral del sur, rompiendo al caer dos grandes vigas y la techumbre que soportaban.

La reparación urgentísima no podía aplazarse y cl Ayuntamiento sufragó los gastos que se ocasionaron, sin pedir ni esperar el auxilio del Estado, que podía llegar cuando ya se hubiese producido el total derrumbamiento de aquella parte del edificio. Con aquel motivo se revisó la cubierta que tiene un, difícil acceso pore1  exterior y pudo comprobarse que la viga da madera de gran sección que apoyaba uno de sus extremos en el ángulo suroeste estaba desprendida del mismo, habiendo sido preciso apoyarla sobre otra que se atravesó encima de los muros de dicho ángulo. El resto de esa misma cubierta está en iguales condiciones de  inseguridad.

No habrá quizá en la provincia de Jaén ningún edificio que acumule tatos valores como los que adornan el templo parroquial de El Castellar cuyo grupo de edificaciones simboliza un largo período de la Historia Patria; su torre árabe es el símbolo de la fuerza del invasor que domina y oprime al vencido; sus naves ojivales representan la fuerza de la fe, que se alza arrolladora y expulsa a los opresores de sus más fuertes reductos.

La puerta principal de estilo dórico romano, construida a la vez que el crucero al finalizar al siglo XVI, es un bello ejemplo de la introducción en España de las formas clásicas antiguas de la composición arquitectónica de aquella época, de gran esplendor artístico.

Podría ampliarse los datos demostrativos de que este edificio debe considerarse, por lo menos,  como monumento provincial, por sus valores históricos, por su antigüedad, que alcanza tiempos tan remotos como otros qué están considerados por su vejez dignos de ser conservados y porque de él se deriva el nombre de este pueblo de la provincia.

Para los que aquí vivimos tiene un valor mucho más elevado, allí recibieron los Sacramentos nuestras generaciones sucesivas de ascendientes de siete  siglos, allí ofrecieron sus oraciones a Nuestro Señor, allí se reunieron en horas da adversidad, en rogativas a Dios para que remediara sus males y en días venturosos ata acción de gracias por los dones recibidos y debajo de su pavimento y de la tierra de su contiguo huerto, que fue Campo Santo, los cuerpos convertidos en polvo de millares de aquellos fieles, esperan que llegue el último día para levantarse a gozar la vida eterna prometida.

Además de estos valores históricos y espirituales, tiene el edificio otro material que no es despreciable, y si se aplaza la reparación y la reforma, que debe hacerse protesto, es muy probable que en cualquier invierno de abundantes lluvias, se derrumben, el tejado del crucero y la totalidad de su muro del   Oeste, en el que su caída además de destrozar la  techumbre de su antiguo templo, podría hundir la arquería ojival, que se conserva actualmente en  perfecto estado y representa una de las construcciones más puras de ese estilo en el siglo XIII; las pérdidas serían cuantiosas.

Durante los últimos diez años, todos los edificios parroquiales de esta Diócesis de Jaén, han sido reparados o reconstruidos, según sus necesidades, menos el de Castellar, a pesar de que hace ocho años se cerró al culto como consecuencia de su estado ruinoso y desde entonces todos los actos y ceremonias religiosas se celebran en una capilla de fundación particular, que tiene una superficie de 350 metros cuadrados, en los que están incluirlos la extensión que ocupa al coro, y como el censo de población es de unos 7500 habitantes, resulta que para cada 22, de ellos, corresponde un metro cuadrado de extensión en su iglesia Es muy lamen­table que de los doce millones de pesetas que se han invertido en la diócesis para esta clases de obras, no haya correspondido ninguna cantidad para la reparación de este Templo, aunque dudamos que todos los de la provincia estuvieran en peores condiciones de seguridad que el nuestro y más deficientemente sustituidos.

No es nuestro propósito culpar a nadie de la lenta tramitación del expediente del año 1943 para la ejecución de las obras de que venimos ocupándonos y como dicho documento es ya el único de esta clase que queda sin resolver en la provincia, tenemos la esperanza de que a lo más en el año venidero, veremos el comienzo da las obras que tantos quebrantos pueden evitar.

Juan de Dios González Carral

Octubre de 1950

 

El charlatán, por Cristóbal López Serrano (A)

 

Existen profesiones y actividades en desuso de las que solo queda el recuerdo. Recuerdo que se desvanece en la memoria, pero de grata evocación porque rememoramos ambientes, escenarios y personajes que se fueron y es bueno recordar el pasado para que sepamos apreciar el presente.

Entiendo es positivo sacar una  a colación para que lo conozca la gente que no la vivió ni ha oído hablar de ella. Era una forma de comercio que facilitaba a las clases menos pudientes el acceso a la adquisición de cosas que, según ellos, no podían obtener en circunstancias normales, aunque muchas veces, en estas compras se cumpliera aquello de que “lo barato sale caro”.

Fueron años difíciles aquellos de posguerra. Años duros y malos. Las familias, normalmente numerosas, subsistían con dificultad por ser escaso el trabajo, muchas las bocas que tapar y pocos recursos para remediarlo. Las telarañas eran frecuente adorno en las alacenas y despensas. Se vivía del “fiao” en las tiendas de alimentación y de la “cartilla” para conseguir ropa y calzado para los chiquillos. Cuando más pobres más formales y al conseguir trabajo se pagaban las trampas en la tienda y en la panadería y... vuelta a empezar.

Acabada la recolección de la aceituna y si el tiempo había sido bueno y no había interrumpido mucho el curso de la misma, las familias reunían algún dinero con el que se remediaba algo la situación.

La economía del pueblo se reactivaba y sabedor de ésto el comercio de fuera, se desplazaba a ofrecer sus artículos a la espera de obtener pingües beneficios ante la buena perspectiva de ventas.

Asimismo venían compañías de teatro y revistas de variedades “cantaores” y los cines de la localidad se llenaban de gente deseosa de ver los espectáculos y disfrutar aquella novedad.

Igual que las golondrinas de la primavera, había un personaje que invariablemente aparecía todos los años por estas fechas para vender su mercancía, orador de calles y plazuelas: el charlatán.

Se le conocía como “el valenciano” por provenir de aquella región. Ataviado con blusa, pañolón al cuello y tocado con una gorra de visera, negra y de paño, a modo de boina “sin capar”, de oronda figura y...!cómo largaba el tío!. Campeón de la labia y del enrolle. Capaz de venderle una radio a un sordo como él se lo propusiera.

A bordo de una vetusta camioneta-furgón-almacén, recorría las calles del pueblo haciendo publicidad hasta reunir a la gente en alguna plazoleta. En aquellas plazuelas de piso de tierra y puertas emparradas con viejos sentados en los trancos; la gancha entre las piernas y amarillenta colilla cabalgándole la oreja que, curiosos se levantaban para averiguar el motivo de aquel alboroto.

Las mujeres salían a la calle con sus mandiles de faena, algunas con sus escobas de palma y caña que no les había dado tiempo a soltar. ¡Andá!, si ya está aquí el charlatán. ¡Neene, cierra la puerta!.

-¡Vamos, mujeres!, ¡Acercaos para ver lo mejor de la Feria de Muestras de Valencia!, ¡Mocicos y mocicas!, ¡Venid, Marías, que se va el tío!.

La gente  atraída por tan llamativo conjuro, se iba aproximando y cuando éste consideraba que había suficiente parroquia, abría las puertas de su caja de pandora y descubría lo que su interior atesoraba. Mantas y sábanas pasaban a exposición en las puertas abiertas, colchas y mantones de manila; fuertes y listadas lonas para confeccionar costales un sin fin más de cosas que seguramente harían las delicias de sus compradores.

-  ¡Y ahora, para ti, buena madre!. Te voy a sacar un lote de tres mantas que, igual valen para abrigarte y que duermas calentica con tu marido; para que se la lleve cuando vaya a “dormir fuera” con los mulos, o, si quieres de la puede llevar a los toros. Y no te las voy a dar por cien duros, ni por ochenta ni por setenta: te las voy a dejar sólo por cincuenta y encima te regalo un magnífico cobertor para la cama de tu hija, para que lo luzca la noche de bodas, y además tres fuertes batidores (peines) y una lendrera  para que despiojes al chiquillo. Y, porque quiero y con lo mío hago lo que me da la gana, un maravilloso abanico para que te refresques este verano. ¡Esto es una ruina!,!Vamos,Marías!, ¡si esto es gloria bendita!.!Cucha, nena, que corte de traje para el quinto!.

Y así, este hombre seguía hablando como si le hubiesen dado cuerda, alabando las propiedades de sus géneros.

Ante tal aluvión de ofertas y según él de tan buena calidad, el auditorio se deslumbraba con tantas gangas y no dudaban en comprar.

Poco a poco iba colocando sus artículos que, presurosa la gente se llevaba pensando había hecho una buena compra.

Ya anochecido, el buhonero cerraba su tenderete solo ya en la plazoleta y se disponía a ir a alguna de las posadas del pueblo a contar sus dineros, dar cuenta de una buena cena y despedirse por hogaño.

Cristóbal López Serrano

 

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